My home, my people

Texto publicado originalmente en hola,rita en inglés y español.
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Diciembre tiene un aire distinto a los demás meses del año. Fuera de lo comercial que es la época o los grandes cambios que solemos hacer a nuestros hogares, el ambiente se siente diferente. En mi país solemos estar entre los 28 y 36 C grados (82 y 96 F), pero cuando se acerca el último mes del año, la temperatura baja y el clima se refresca. Cuesta más levantarse de la cama y aunque el sol se mantenga afuera, no se siente el calor pegajoso que tanto conocemos.

La primera vez que pasé unas fiestas fuera de casa tenía 10 años. Recién me habían dado visa y viajaba a visitar a mi tía a la Gran Manzana, hogar de miles de dominicanos. Fue una de las mejores navidades. La primera vez que vi la nieve, que sentí frío de verdad, cuando recibí un año nuevo despierta en una celebración familiar.

Apenas duré unos diez días, pero la recuerdo como una mejores vacaciones. Éramos nueve personas residiendo en un apartamento de una habitación. La cocina era pequeña y la sala compartía un enorme sofá con una televisión y la mesa del comedor. Pero lo pequeño que era no era relevante. Me sentía cómoda y feliz. Mi tía cocinaba como mi madre y a ello se unían la típica comida chatarra que cualquier niña de 10 años ama: La pizza de Ozone Park, los hot dogs caseros y chocolate caliente con malvaviscos. Y eso que la globalización en ese entonces no estaba tan impregnada como ahora.

Recuerdo que los días más fríos nos quedabamos en casa jugando Stop o Monopoly y otros días salíamos por la Liberty Avenue de Queens a comprar ropa, y los juguetes para mis primitos que todavía creían en Santa. Yo personalmente siempre supe que mis padres eran los autores de mis regalos. Siempre nos llevaban a mis hermanos y a mi al Mundo del Juguete y nos dejaban elegir los juguetes que nos gustaban. Por un tiempo lo hicimos para el Día de los Reyes Magos, que se celebra el 6 de enero y luego cerca del 25 de diciembre, para Navidad.

Los siguientes años pasaron tranquilos. Los 24 hacíamos la gran cena en casa y recibiamos a mis hermanos de la capital. El pavo, que a papi le encanta, un poco de puerco asado para mis hermanos y mami, un moro de guandules, ensalada de papas, manzanas, uvas, dulces navideños y turrón (era el único momento del año en que comiamos estos últimos). Terminábamos con la real hartura y casi siempre quedaba suficiente comida para el siguiente día. Los 31 éramos mami, mi hermano menor y yo, viendo en Univisión el especial de Don Francisco.

Mi estancia en Europa fue diferente, triste y al mismo tiempo interesante. No es fácil pasar las fiestas lejos de la familia. Allá nos reunimos un grupo de latinos “exiliados por elección” e hicimos nuestra propia versión de una cena de Noche Buena. Fue muy divertido la verdad, en comparación al año nuevo, el cual pasamos en Amsterdam y más extraño no podía ser. Las personas salían a pasar frío a la plaza principal a esperar las doce. Sin música ni fuegos artificiales, unos petardos caen a los pies con un sonido estruendoso dando el real susto. Lo bonito que si encontré de la navidad en Europa es la famosa Cabalgata de los Reyes, que al menos en España hacen el 5 de enero. Un desfile con personajes de la época, a donde llevan a los niños y te dan dulces.

Al final, nunca ha importado en qué parte del mundo esté, cuánta comida haya en la mesa o la cantidad de regalos debajo del arbolito. Lo que sí importaba era tirarnos en la cama todos mis hermanos, mis padres y yo a ver los especiales de películas en la televisión, comer todos juntos en la mesa la noche del 24 y sentarnos en la terraza a hablar de todo un poco. No hacía falta sacar el mejor vestido de la noche, o tener el arbolito más grande (aunque estuviera decorado desde octubre). El fresquito de estas fechas lo que daba ganas era de estar todos unidos en un mismo techo, compartiendo y tomando chocolate caliente con pan de agua o telera.

Si, cada país, ciudad, pueblo tiene una manera un poco distinta de celebrar pero al final la esencia es la misma, sin importar cual sea la creencia (porque hay que decirlo, es una festividad religiosa). Lo que de verdad tiene sentido y es relevante de este mes es que acerca a los que están lejos y acerca todavía más a los que están cerca.

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Diferencias gastronómicas

Antes de continuar dejemos en claro dos cosas: el aguacate es una fruta y hay diferentes tipos de banana que en español se llaman distinto y tienen otros usos a parte de la banana amarilla común que conocemos en todo el mundo.

Bien, continuemos. La gastronomía brasileña, no dista mucho de la dominicana. El arroz blanco es la base de los platos, las habichuelas son parte esencial y la carne, bueno no se puede vivir sin carne. Los desayunos suelen variar según el hogar y los gustos, los almuerzos suelen contener la misma base antes mencionada y la cena, bueno siempre habrá carne al menos que quieras algo más light como un sandwish de tuna o estés antojado de pastel, que para el resto de Latinoamérica es empanada. Continue reading “Diferencias gastronómicas”

Camino al sur: Las dunas, un desvío y el regreso a casa

Era nuestro último día por el sur, la meta era clara, en el camino de regreso a casa debíamos llegar a las Dunas de Baní. Según Gisela (GPS) estábamos a dos horas aproximadas. Por lo tanto, una vez más nos tomamos nuestro tiempo para alistarnos aquella última mañana. Tras desayunar mientras, asegurarnos de recoger todo y volver a llenar nuestros potes de agua, salimos en dirección norte. Continue reading “Camino al sur: Las dunas, un desvío y el regreso a casa”

Camino al sur: 100 pesos por una foto, una oficial y la capital del sur

La mañana del jueves amanecimos como si bien nos hubieran pateado la espalda. Mi compañera de viaje estaba con torticulis y yo sentía que mi espalda necesitaba con urgencia un masaje -de hecho aún lo necesita-. Luego de desperezarnos nos alistamos, desayunamos un sandwish de tuna y nos pusimos en camino con las mochilas listas para caminar y los potes llenos de agua. Salimos entonces en dirección Bahía de las Aguilas. En menos de 30 minutos llegamos a la entrada del parque donde dos hombres nos recibieron sentados en su caseta de la boletería. Ahí nos enteramos que el camino por tierra para llegar a la Bahía estaba arreglado, por lo que podíamos llegar directo en el carro, sin tener que pagar por la lancha ni caminar casi dos horas.  Continue reading “Camino al sur: 100 pesos por una foto, una oficial y la capital del sur”

Camino al Sur: 405 kilómetros por carretera

La última vez que visité la región sur de la República Dominicana era pasante en el Listín Diario. En aquella ocasión íbamos invitados por el Cluster Ecoturístico de Barahona y luego de Pedernales, y la USAID. Quedé maravillada por los lugares a los que fuimos y que pudimos conocer. Sin embargo, de eso hacen ya cinco años, y son pocos los recuerdos que se mantienen en mi cabeza. Aún así, desde mi primer viaje había decidido regresar, sólo que no se había presentado la oportunidad hasta ahora.

Si les soy sincera, habían más razones para no ir que para si. No había suficiente dinero, el temor de manejar tan lejos me tenía medio paralizada, el hecho de que solo seríamos dos chicas era peor, que si nos roban, que si la carretera solitaria, que si se daña el vehículo… Y claro, las personas alrededor no ayudaban: ¿Cuánto es tu presupuesto? Vas a quemar mucha gasolina, vas a gastar tanto en gasolina, esa carretera es muy solitaria, a un grupo les rompieron los cristales del vehículo y se llevaron lo que tenían adentro… ¿y solo van tu y ella?

Al final, ni siquiera yo estaba segura de querer hacerlo, pero como por inercia preparé mi vehículo -véase llevarlo al taller para sus respectivos chequeos y alineación y balanceo de gomas-, hice mis bultos y traté de dormir temprano luego de colocar mi alarma a las 5:20 am.  Continue reading “Camino al Sur: 405 kilómetros por carretera”