Y llegamos al otro lado

Salimos temprano del loft, dado que teníamos que estar en el aeropuerto a las 12:30 aproximadamente, pero teníamos que buscar un lugar donde comer. Así que decidimos llegar al aeropuerto con tiempo para sentarnos a almorzar tranquilos. Los vuelos locales son una maravilla, aparte de que obvias el chequeo de migración, todo se siente mucho más fluido y menos estresante. Como habíamos hecho el check-in online, sólo tuvimos que pasar las maletas por la correa (hubiéramos podido llevarlas de carry-on, pero por los artículos personales como jabón, shampoo y cremas era mejor pasarlas).

DSC_0063Una vez pasado el chequeo de seguridad, caminamos hacia la puerta de embarque y buscamos dónde comer. Terminamos en un sitio de comida china donde tenían unos combos, y luego nos sentamos a esperar el momento para abordar. Mientras tanto yo terminaba de ver Gypsy. Cuando nos montamos en el avión, una chica con de cabello largo y suelto, chaqueta de jean, uñas largas y pintadas y una gorra que le cubría la cara se sentó al lado. Tenía aire de estrella de cine en cubierta o persona famosa de las redes que no quiere que la descubran. Me pasé el vuelo entero preguntándome qué historia había detrás. Cuatro horas pasaron desde que tomamos el avión hasta que aterrizamos, cuatro horas que invertimos en semi-dormir, jugar con el switch, leer y escuchar música.

San Francisco nos recibió en silencio. Las personas estaban sentadas, calladas, en sus laptops, celulares o tabletas. Habían muebles desplegados por todo el aeropuerto, y un food court lleno de comida de distintas partes del mundo. Nuestra primera comida en el west coast fue un sushi comprado en el aeropuerto. De verdad, la sensación era totalmente distinta a lo que acostumbraba a sentir en otros lugares. El ruch, la gente apurada, el ruido… nada de eso se sentía en este aeropuerto. Todos parecían como si estuvieran en un estado zen.

Buscamos las maletas y pedimos el Uber que nos hizo caminar hacia otra puerta, porque hay una política en algunos aeropuertos de que los Uber no pueden recoger a sus clientes en ciertos puntos. Veinte minutos más tarde estábamos de camino al Airbnb. La primera impresión que me dio era de haber llegado a los Alcarrizos en Santo Domingo, R.D, por la cantidad de casas que se veían a lo lejos casi una encima de la otra. Por otro lado, me sentí como si estuviera en algún lugar de Asia, por todos los  conductores asiáticos que nos pasaban por el lado. Incluso, el mismo chofer de Uber tenía la aplicación en chino. Luego noté que hasta en los autobuses tienen las señales en tres idiomas: inglés, español y mandarín.DSC_0065

Llegamos a la casa, que obviamente estaba en una colina, y claro que tenía la fachada de la típica casa de San Francisco. Dejamos nuestras maletas, compramos el ticket de autobús para el siguiente jueves a Los Ángeles por internet, sacamos los abrigos y en mi caso, la bufanda, y nos dispusimos a conocer un pocola ciudad con las pocas horas de sol que quedaban. Por suerte, de ese lado del mundo anochece después de las 8 de la noche. Después de hacer una búsqueda rápida a través de Google Trips, nos fuimos al downtown, a Union Square. Al llegar nos recibió un clima frío (14 grados a mitad de agosto), niebla, y una brisita medio congeladora. Aquí me arrepentí de no haber llevado mi chaqueta de cuero, como tenía planeado desde el principio.

Después de unos minutos de ver el parque, tomar fotos en los corazones, y las esculturas y el tren, le preguntamos a Google qué sitios había cerca para comer que estuvieran abiertos. Caminamos dos esquinas más adelante y llegamos a un sitio fancy, que resultó estar bastante concurrido. Luego me enteré que apenas tenía algunas semanas de haber abierto. Rambler se llama, y nos recibió una rubia muy elegante, que nos llevó a una mesa al fondo, donde había más mesas llenas de personas. Nos sentamos y fuimos atendido por un camarero. Tras comer (unos platos gourmet del menú que estuvieron bastante buenos la verdad), pedimos el Uber de regreso a la casa. En la noche armamos la ruta para el siguiente día. A diferencia de Chicago, en San Francisco sólo contábamos con un día para recorrer los lugares que nos interesaban, dado que al siguiente día el bus saldría a las 11 de la mañana.

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