Destino, Lisboa

31 de marzo, 2012.

Ok, en teoría cuando esperas tanto unas vacaciones, la idea que tienes es disfrutar, despejar la mente… ¿descansar? Y claro, que si no eres ni rico ni trabajas, tienes que ahorrar dinero. Bueno, este primer día de viaje se catalogaría como inolvidable, pero tortuoso. 

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Iniciamos en Bilbao, para tomar el bus que nos llevaría al aeropuerto. En teoría debes hacer el check-in dos horas antes del vuelo. Pero claro, que uno no cuenta con que a la aerolínea le da la gana de que sea faltando sólo una hora, así que estuvimos dos horas haciendo nada.

Cuando finalmente haces tu fila con tus documentos pertinentes, te dicen que sólo te permiten un equipaje de mano. Y hago enfasis en uno, porque si llevas incluso tu cámara en la mano son capaces de cobrarte 50 euros por extra peso. Yeap. No puedes ni llevar cartera, ni la laptop, ni absolutamente nada de eso. Problema número uno todas teníamos “extra peso” y había que solucionarlo si o si. Podrán imaginar como quedó mi pobre niña cuando encima de todo lo que llevaba para un viaje de 13 días, debí meterle una mochila, más la laptop, más el bultico de la cámara.

Pero nada, que el primer vuelo lo tomamos sin problemas (además de esperar como 25 minutos en la rampa de embarque) y con las cámaras en mano, porque en serio no cabían. Llegamos a Barajas, y nuestra primera parada fue la cafetería. Como siempre una parte del aeropuerto totalmente extraña para mi y eso que desde octubre, puedo decir que vivo ahí cuando viajo. Al comer hicimos nuestra extremadamente larga fila para el check-in a Lisboa. Sin problemas una vez más, aparte de una chica lo suficientemente amargada como para no saber tratar a la gente.

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Esperamos unas tres horas más para abordar nuestro siguiente vuelo que sólo duraría 55 minutos (otra vez). ¿El problema? Que justo antes de abordar había que quedarse con un sólo bulto en mano. Vease, cámaras a la maleta. ¿Cómo yo metía una Nikon D40 en una maleta que apenas podía respirar? Luego dijeron que quienes se ofrecían de voluntarios para mandar sus maletas de mano a la bodega del avión porque había exceso de equipaje de mano. Nada, para evitar que mi cámara sufriera, mando la maleta. Y le digo a mis compañeras. Pero no contabamos con que en Easy-jet son unos ladrones de mierda (perdón la expresión), tanto así que la maleta de Tracy, la midieron, y por estar gordita le cobraron unos sendos 50 euros, y eso, que la iban a pasar para la bodega. Más coraje no podíamos tener. Finalmente cuando abordamos (con una hora de retraso por el show del equipaje) cada una se sentó donde quiso (vease al lado de las ventanillas).

Así que por lo menos nos relajamos con la hermosa vista que ofrecía el cielo europeo. Al aterrizar sólo nos preocupaba una cosa: las laptops. Ya me imaginaba a mi hija echa pedacitos después de lo tan mal que trataron a las maletas. Cuando finalmente las sacamos, todo estaba bien. Bueno casi todo, porque la pobre chiquita de Marling terminó mal herida (a su maleta se le dobló la agarradera).

Finalmente en Lisboa el reto consistió en encontrar el hostal. Después de preguntar a varias personas en inglés, porque preguntabamos si hablaban inglés o español, y terminaban prefiriendo el inglés, increiblemente, terminamos tomando un taxi. Claro que este no fue un proceso fácil, primero era que el bus, pero el chofer del bus no estaba seguro de donde quedaba la calle. Luego cuando trato de preguntar la tarifa al taxista, un estúpido oficial de polícia (super borde – es decir, antipático-) me hizo devolverme de muy mala manera. Suerte que al final nos tocó un chofer muy agradable que hasta entabló conversación con nosotras y nos contó que estamos en una zona que sólo tiene viva desde 1998.

523936_3634357423799_428428794_nAl llegar, e instalarnos en nuestra habitación, que por cierto compartimos con una señora de unos 70 años, bajamos en busca de comida. Terminamos en un restaurante tipo los 50’s, totalmente surreal. La imagen de Elvis y Marilyn estaba por todos los lados, los asientos con forma de coches de la época, y un menú exquisito de comida chatarra. Nosotras antojadas de hot dog, y de ninguno de la lista tenía. Justo se habían acabado. Pinche suerte.

De regreso al hostal, aquí estamos en el lobby poniendo al tanto a todo el mundo de que estamos vivas, con menos dinero del que esperabamos, y con ganas de que mañana sea mucho mejor (aparte de que se la pasó lloviendo la noche entera).

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