Volvemos a lo básico

En las últimas semanas he estado yendo al cine a ver películas que de alguna manera me remontan a mi infancia. La Bella y la Bestia, en su versión life action, trajo consigo una revuelta del clásico animado de 1991 de Disney. Llevándonos a aquella villa en Francia, con cantos, bailes y personajes que hoy más que nunca están en la palestra de todos los comercios. De igual manera, la serie de televisión que cautivó a los niños, que nos hacía jugar a superhéroes, y a ponernos la ropa de un color x, porque si eras el Ranger azul, tenías que vestirte de ese color, los Power Rangers, en una versión un tanto muy distinta a lo que recordábamos, y quizás un poco más actualizada y realista a cómo sería un adolescente en un pueblo pequeño. O incluso la serie de unos guardianes de la bahía que regresa como película y se estrenará este año.

Igual podríamos hablar de las nuevas tiradas de Star Wars, que al parecer no hay manera de que alguna generación no sepa algo de este mundo futurista y ubicado mil años luz de nuestro planeta. O el regreso de los dinosaurios en un parque que aún hoy sigo preguntándome por qué volver a crear un lugar que representó una tragedia.

Estamos volviendo constantemente al pasado, quizás para escapar del presente, tal vez para recordarnos lo sencilla que era nuestras vidas hace diez o veinte años atrás, quizás por un ataque constante a la nostalgia.

De alguna manera, volvemos una y otra vez a lo básico. A una noche tranquila de libros o series, a una reunión de amigos y juegos de mesa, a una cena de pizza y refresco. Cada vez nos preocupamos menos por el qué dirán, el cómo nos verán, y más en el qué tan cómodo estoy o qué tan bien me siento. Que en una boda te den la opción de ir en zapatos bajos siendo una dama, o que llevar el cabello suelto al natural implique piropos de lo linda que te ves, son síntomas de cómo todo vuelve de una manera u otra. Incluso la moda se la pasa en su fase retro trayendo estilos de décadas atrás al presente.

Claro que no se puede generalizar, igual todavía están esos cientos de adolescentes que duran tres horas frente a un espejo maquillando sus rostros para ir a la escuela. O esas personas que duran horas frente al armario decidiendo qué usarán para ir al cine. Pero así como la industria de los films nos está retornando al pasado, dándonos una mirada actualizada de cómo eran las cosas hace veinte años atrás, volviendo, como ya dije antes, de una manera u otra a lo básico.

 

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