The red turtle

Cuando vi la cartelera del Festival de Cine Global Dominicano, realmente no conocía ninguno de los títulos que se iban a exponer. Así que según el día que pudiera ir, me puse a buscar más información sobre dichas películas. Vamos, que muchos simplemente llegan al cine y entran a lo primero que vean, más si las funciones son gratuitas. Sin embargo, yo no estaba en el mood de salir de mi cama para llegar a una película que al final no me pudiera gustar. Claro que eso es un riesgo que siempre tomamos, aún veamos los trailers.

Ese día tocaba The red turtle (La tortuga roja), una animación del Studio Ghibli, los mismos que hicieron Princess Mononoke (si no la has visto, ve a buscarla). Y me dije, se ve muy hermosa, let’s do it. Así que me paré de la cama y me dirigí al cine para encontrarme una enorme fila y que al final nos dijeran que no podría proyectar. Nada, regresé con el rabo entre las piernas y terminé de ver los capítulos que me pasaban de Inuyasha (un anime al que le dieron fin hace seis años). 

imagesDos días más tarde, por casualidad me entero de que darán la película, y aunque ya tenía cosas que hacer después del trabajo, hice el intento por terminar esas diligencias y llegar. Lo logré, aunque me perdí unos cinco minutos del inicio del largometraje. Aquí mi experiencia.

A parte de ser una obra de arte, The red turtle es toda una experiencia. Trata de un naufrago que llega a una isla desierta y construye una balsa para salir de ahí y llegar a tierra firme y habitada. Pero cada vez que trata de pasar a mar abierto, algo lo golpea y la embarcación se destruye, haciendo que se devuelva. Luego descubre que una tortuga roja es quien le impide salir.

Empecemos por las imágenes que parecen pinturas vivas, en especial los atardeceres o las tomas del cielo estrellado. Durante toda la película no hay una sola palabra, todo es música  e imágenes, y de vez en cuando los personajes lanzan gritos de desesperación, o se escuchan las risas en momentos de alegría. A medida que transcurre la historia, a parte de sentirme con cierta melancolía y maravillada por las escenas, mi cabeza está tratando de entender qué pasará a continuación, y de descifrar cuál es el punto al que quieren llegar.

Aún así, el film te transporta, te lleva a esa isla, a esa vida pasiva y pacifica, de rutinas lejos de una sociedad donde todo está pensado y enmarcado. Te integra a una familia donde la mayor dificultad llegó cuando un maremoto arrasó con todo, para dar paso a la decisión de uno de los miembros de ir a por otros rumbos, de atravesar el océano y ver hasta dónde puede llegar. De como una pareja envejece juntos hasta que uno de los dos muere, y ya el otro no tiene nada que hacer ahí y decide irse. Muchos quedaron con una sensación de tristeza, por mi parte fue más una sensación de paz. Ese no sé qué, que te queda una vez tiene una experiencia cinematográfica que te transporta, y no solo te entretiene.

Al final se trata de una obra muy conceptual que habla sobre el ciclo de la vida, haciendo un uso muy acertado de la imaginación. Claro, que a esta conclusión llegue al salir de la sala y comentar la película con otras personas más expertas que yo en el área.

Está nominada al Oscar como Mejor Película de Animación. 

 

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