Siempre en movimiento

Cuando terminaba el 2015 me disponía a emprender una de las más grandes aventuras de la vida. Cumplir un sueño que llevaba más de 10 años en la lista de cosas para hacer antes de morir, y agregar un verdadero trabajo voluntario a mi curriculum. El 2015 terminó y aún empezando el 2016 tenía muchas dudas sobre los pasos que realizaría a principios de año. Nunca es fácil decidir dejar todo lo que tienes, tu trabajo, tu sueldo, tu casa, tu familia y amigos por una aventura que realmente no sabes dónde terminará. Pero desde hacía mucho entendía que la “vida normal”, la rutina de una oficina, el quedarse estático en el mismo lugar por más de un año no era lo mío. No hasta que hiciera una última locura. ¿Qué puede ser más loco que tomar todos tus ahorros, viajar más de 24 horas a otra parte del continente, a un país donde no conoces el idioma y donde definitivamente no conoces a nadie y dique quedarte a vivir con extraños… Más aún, a quién se le ocurre irse más lejos todavía y recorrer más kilómetros y kilómetros de carretera con una persona a quien no habías visto antes.

Y sin embargo, fue más loco regresar. Cada viaje te cambia, cada experiencia te mueve cosas, y no sólo lo que vives fuera, sino todo lo que dejas. Y vaya que todo se movió en mi ausencia. Regresé y descubrí que donde estaba no podía seguir más. Que extrañaba mi casa, mi ciudad que no es mi ciudad, pero que igual me siento parte de ella, que a veces resulta que no eres parte de ningún lugar dejando un poco de ti donde sea que estés. Mi tiempo allí había caducado, y yo francamente gritaba por algo distinto. Así fue como otro capítulo de esta historia llamada vida se cerró dejando pasar la página para iniciar otro. Regresé a casa, cambien de trabajo, y hasta cierto punto cambie la dirección que estaba siguiendo.
El año se termina, otra vez, seguimos vivos, algunos, con metas cumplidas, sueños realizados y otros no. Apuesto que muchos no se imaginaron terminar el año en el lugar donde están ahora. Yo me muevo tanto que la verdad nunca sé donde estaré al día siguiente. A veces es una bendición llegar a lugares soñados, conocer gente distinta, volver a casa, armar todo desde cero. Otras resulta un poco cuesta arriba, porque como siempre estás en movimiento, nada se queda estático. Ni siquiera las relaciones. Una vez fui al cine a ver World War Z. No soy de películas de terror, suspenso o thriller. Las odio. Me causan ansiedad, éstres, ataques de pánico… Pero esa vez la vi por el “coro” y más que por el coro por tonta. Aunque no disfruté para nada la película, hay algo que me quedó. En la historia la familia tenía que huir de los zombies, y la regla era: siempre sigue en movimiento, porque si se quedaban en un lugar fijo los zombies llegarían y los contagiarian. Creo que aunque para nada se compara con el estar huyendo de un grupo de seres desagradables que te quieren comer los sesos, hasta cierto punto vivo así. Corriéndole a los zombies, siempre en movimiento, para evitar que me alcancen. Y sin embargo, al mismo tiempo, me alejo de tantas otras cosas.
Finalmente me encuentro ante la probabilidad de durar un buen tiempo estática, sin planes, todavía, de salir huyendo hacía un nuevo punto por un buen rato. Y sin embargo, ahora que planeo no moverme tanto, resulta que todo en casa se mueve. Gente que se va, personas que siguen sin estar, personas que van y vienen, aún cuando yo no me mueva, todo sigue en movimiento.
El 2016 a nivel personal fue un buen año, de verdad que sí. Y sé que para muchas personas alrededor del mundo se sintió así. Un año de logros, un año de grandes cambios, un año de alcanzar metas, de hacer cosas que quizás nunca imaginaste ibas a hacer, pero que al final resultaron mucho mejor de lo que imaginabas. También fue un año de pérdidas, pero vamos, que en todos los años ganamos y perdemos algo. No todo se puede ganar, y los grandes años no serían recordados si sólo pasan cosas buenas o memorablemente agradables.
Realmente la emoción de recibir un nuevo año no la tengo. Mientras el mundo está loco por ver un 2017, ya sea porque eso implica un nuevo inicio en sus vidas, un cambio o crean que los demás no se seguirán muriendo, yo veo un año de introspección hacía mí misma, un año de soledad, y de mucho trabajo.
Pero si tú, persona que estás harta del 2016, y que la pasaste más mal que bien, o que realmente no te importa, igual ansías un nuevo año, y tienes tus metas claras para el 2017, pues a ti muchas felicidades.
Ojalá el 2017 sea todo lo que esperas.
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