Angustiosa expectativa

Relatos.

Desde que ese vestido de flores rosas empezó a apretarle la cintura, notó que algo no estaba bien con su cuerpo. Claro, se enteró un día antes de la cirugía, cuando fue llevada de emergencias por el fuerte dolor que tenía en su vientre. “Tenemos que intervenir” fueron las palabras más horribles que pudo haber escuchado.

No podía creer que esa masa deforme del tamaño de una pelota de voleibol hubiera salido de su cuerpo, mucho menos de uno de sus ovarios. Recordaba como, aún con los efectos de la anestesia, se revolvió alterada entre las sábanas al ver aquel pedazo de carne revuelto, que igual podía ser algún aborto. Si, estaba fuera, pero todavía faltaban otros estudios, otras pruebas. ¿Cuántos análisis más se necesitaban para saber si aún corría peligro? Volvió a hojear la revista por quinta vez, sin saber qué hacer con sus manos temblorosas. Miró el reloj de la pared, a penas habían pasado cinco minutos desde que esa chica tan jovial de risos rubios le pidió esperar a ser anunciada. Era la siguiente, pero sentía que ese momento nunca llegaría. Finalmente, la secretaria salió de la oficina haciéndole el gesto de que podía pasar. Colocó la revista como pudo en la mesita al frente, y tras recibir una sonrisa conciliadora de la joven, entró respirando hondo. Era la hora de la verdad. Tras un breve saludo, el doctor la invitó a sentarse. “¿Cómo estás? Lamento la espera. Ha sido un día un poco agitado”, escuchó que le decía tratando de controlar su impaciencia. “He estado mejor, gracias. ¿Podría darme el diagnóstico?”, preguntó a su vez tratando de no ser grosera. El doctor le extendió un sobre blanco con los resultados. Ella lo tomó sintiendo que la ansiedad se apoderaría de sus manos, y tras otro respiro dijo: “Sabe que no voy a entender lo que dice aquí, así que por favor, ¿sigo en peligro?”. Ante su mirada expectante el doctor se acomodó en la silla y sonrió: “Sí, Elena, estás fuera de peligro. El quites que te extirpamos no era maligno”. Ella lo miró, todavía analizando las palabras que acaba de escuchar, él continuaba con la explicación, una que ella no entendía, pero las únicas palabras que le interesaban ya las había escuchado, y lloró entre risas y alegría.

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