De regreso a casa

En mi experiencia personal, suelo escribir mejor en dos ocasiones: cuando viajo y cuando estoy en un estado de ánimo no muy feliz o alegre. Así que empecemos por decir que no estoy en ninguna de esas dos circunstancias en estos momentos, así que no sé como vaya a salir esto.

Hoy es uno de esos días que marcan un antes y después de mi vida. Cada gran cambio implica grandes pérdidas y a su vez, grandes ganancias. Desde que tengo 18 años he estado en el ir y venir de las despedidas. Cada vez que me muevo dejo algo o a alguien detrás. Eso a veces tiene sus ventajas y a veces sus desventajas. Por ejemplo, habla un poco acerca de mi estabilidad y puede que explique el hecho de que no estoy ni cerca de formar una familia, asentándome en un lugar a echar raíces, pero también implica un sin fin de experiencias que de una u otra manera me servirán para algo más.

Hoy regreso a mi hogar, a la ciudad que he llamado hogar desde los 18 años, aunque a veces yo misma no me encuentre en ella. Con el ir y venir he aprendido a diferenciar los lugares en los que puedo estar temporalmente, de aquellos a los que siempre de alguna manera debo volver y permanecer.
Tras año y medio de una experiencia que puedo catalogar como enriquecedora, por todos los aprendizajes que trajo consigo (sobre mí misma, sobre los demás, sobre mi país…), regreso a casa. Claro que cada vez que me muevo me acompaña esa sensación agridulce. Aunque, como me han dicho muchas personas a lo largo de esta historia, voy por lo que quiero detrás de mis sueños, algo que definitivamente me da mucho felicidad y ansiedad y miedo al mismo tiempo, también significa dejar a personas, y una nostalgia de que la rutina del día a día ya no estará. Ese pasar por cada oficina dando los buenos días, quedarme sentada charlando un rato con Yenny, tomar del plato de Desi un poco de su comida, preparar las sorpresas de cumpleaños que ya no son tan sorpresa, esperar a Lari a que salga de su casa para llegar temprano a la oficina, llamar a Israel de informática cada vez que el Internet o Facebook dejan de funcionar, salir a comer al asadero con Pao para cambiar de ambiente, mandar a Keila a nadar…
Si, es un poco melancólico despedirse de las personas, en especial cuando esa rutina se rompe y no los ves todos los días. Pero si algo he aprendido es que por mucho que cambie una persona, y por muy lejos que esté, hay conexiones que siempre me mantienen. Y de alguna manera he tenido la fortuna de crear algunas que permanecen aún cuando no hablemos todos los días o nos veamos en meses. Al final nadie pasa por la vida de nadie sin dejar algo, y yo agradezco a cada una de las personas que hicieron de mi estadía en la ciudad que más odiaba (ya no la odio tanto), mucho más alegre y placentera.
Ahora bien, ¿estoy feliz de volver? Como una niña en navidad cuando le dan su muñeca preferida. Si mañana la decisión de volver fue errónea o no, es algo que ahora mismo no sé. Pero por lo pronto todo a punta a que el universo me quería de regreso, claro que quizás yo también presioné un poco para que así fuera.
A veces, por más sitios que visite, que descubra, por más lugares que vea y por más que sienta que el mundo es un espacio listo para ser explorado, al final de todo eso, no hay lugar como el hogar. Y ciertamente tu hogar está donde está tu corazón. Suena cursi y un poco cheesy, pero es así.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s