El día de los buses

Cuando te toca tomar cuatro buses todos los días, dos de ida y dos de vuelta, terminas conociendo algunos trucos y pasando por algunos momentos que solo puedes tener mientras viajas en un transporte público. Es difícil decir que podrías vivir toda la experiencia de viajar en un medio como este en tan solo seis semanas, sin embargo, puede ocurrir, que como a mi, todo lo que vaya a pasar sucede en un mismo día. Y si a eso le sumas que tendrás 4 oportunidades distintas para vivirlo… 

1916100_10208751134921966_7890397808007037320_nHasta el jueves pasado nunca me había dejado el autobus. Mi alarma siempre sonaba a la misma hora, siempre me levantaba a la misma hora (como 20 minutos más tarde), y la rutina era siempre la misma. Por lo tanto siempre estaba a tiempo para cuando el autobus llegara. Todo cambia cuando la alarma no suena y te levantas con solo 10 minutos para hacer todo y estar listas antes del bus. Claro, que a veces eso no es suficiente para llegar a la parada (incluso si te vuelas el desayuno). Y es muy divertido ver como saliendo de la casa y empezando a caminar hacia la parada vez el bus llegando. Más divertido aún que lo tomes con total calma y digas ,wtf,  aunque corra no llegaré a tiempo, te devuelvas y te prepares tu correspondiente desayuno con calma.

Tras pasar cinco minutos más preparando el desayuno y eso, regresé con tranquilidad a la parada de buses a esperar el siguiente. Con música en el celular y tras haber escrito a mi supervisora que llegaría más tarde, 25 minutos después paso el siguiente bus, dejándome en la terminal a tiempo para tomar el que seguía. El segundo bus llegó sin problemas, y me dejó en mi para final solo 5 minutos más tarde de mi hora de entrada.

El día transcurrió tranquilo sin muchos problemas, hasta la hora de salida. Cuando al acercarme a la parada para regresar a la casa, había un gran grupo de personas esperando, cosa que hasta cierto punto me sorprendió dado que generalmente no suele haber tantas personas al mismo tiempo en esa parada. Claro que tuvo sentido cuando en 30 minutos pasaron tres autobuses distintos de largo sin detenerse. O cuando el cuarto autobus se detuvo al fin, pero iba tan lleno, que la mitad de los que esperamos decidimos aguardar un poco más, porque claramente no cabía más gente.

Cuando finalmente llegué a la terminal para tomar el último bus del día, había una especie tapón en la terminal, donde la línea de autobuses era más larga de la cuenta, y muy pocos estaban en el gate que les tocaba. Finalmente logré montarme pero a los 5 minutos de salir de la terminal, un molesto ruido comenzó a sonar dentro del vehículo, por lo que el chofer tuvo que detenerse a inspeccionar qué sucedía. Dos horas más tarde llegué a la casa acalorada, sudada y cansada.

Si perder el bus, que se dañe en el camino y durar más de lo normal esperando viendo como pasan en tu cara y no se detienen no es vivir la experiencia completa, al menos debe acercarse lo suficiente. Claro que ya había pasado por el que un extraño te hable sin conocerte, que te pregunten hacia qué dirección va ese bus, que te quedes de pie todo el camino porque está repleto de gente, entre otras cosas. a

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