Tres ciudades sin mucho que hacer

Publicado el 30 de diciembre del 2012

Levantarse temprano, para desayunar casi corriendo, para dejar la pasta y el cepillo de dientes en la habitación. El día se perfilaba largo, pero realmente no lo fue tanto, en especial si pasamos el 75% del tiempo en el autobús, durmiendo mientras el guía explicaba.

El recorrido por Bruselas fue interesante, nuestro guía local, un señor de como 60 años, toda una cura, en especial cuando nos contaba de las anécdotas de otros grupos, como las doñitas que pensaban que la cerveza de 9 y 12 grados de alcohol eran un relajo y se emborracharon.

También conocer un poco de historia como la de Leopoldo, un rey tirano y macabro, fue interesante. Ver los regalitos que se daba (como una torre japonesa), los regalitos que le dio a su esposa (una casita china) que al ella morir la usó para consolarse con varias mujeres, entre otras tantas fue lo principal que aprendí de Bélgica. ¡Ah si! Y claro, que es la capital de la cerveza (que al final nunca probé).

¡Ah y claro! que el niño meón es una de las atracciones turísticas más significativas. Resulta que según una de las tantas leyendas, el chamaquito evitó que se propagara un fuego que pudo haber terminado con la ciudad, adivina, haciéndose pis.

Salimos de Bruselas, dos horas de camino hacia Países Bajos, para llegar a Rotterdam, hermosa arquitectura, puentes muy lindos, sumamente comercial.  Allí pasamos casi dos horas invertidas en Pizza Hut (tanta falta que me hacía) y detrás de un llavero que nunca apareció. Treinta minutos después llegamos a Den Haag. Hermoso. Una ciudad pequeña, con unas calles rarísimas, donde tienes que tener mucho cuidado porque si no te atropella una bicicleta (que va rapidísimo), lo hace un carro o un tranvía. Pero con un paisaje hermoso de lagos, edificios góticos y un clima muy frío. Al final caminamos un rato, compramos algunos recueros, tomamos algunas fotos y de regreso al autobús.

La cura del día fue con míster “evidentemente”, nuestro guía. Quien al acercarnos a Amsterdam nos contó acerca de la legalidad de la droga, de que tengamos cuidado con las cosas que pedimos que cualquier comida puede contener hachis, marijuana o algo así, y que están los Coffe Shop. Me daba la impresión de que el grupo estaría bien drogado al día siguiente después de recorrer la ciudad. Y ni hablar de la tremenda fiesta que se armaría en el centro de la ciudad por la llegada del año nuevo.

Todavía no conocía a Amsterdam del todo, el hotel estaba lejos del centro, y para llegar era complicado. Ese día nos tocó quedarnos a reponer energías.

Era increíble que ya era 30 de diciembre y al día siguiente fuera Noche Vieja (como dicen los españoles), me parecía irreal que en cuatro días hubiera visitado tres países distintos y ocho ciudades diferentes. Pero lo que más me sorprendía era estar en Amsterdam para recibir el 2012. Sinceramente sería un año interesante, pero para ganarle al 2011 era mucho el esfuerzo que tendrá que hacer.

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