1000 palabras: Esto es

Y habían cosas que simplemente para cierta persona, no se dan.

Ha pasado casi un mes desde la última vez que dedique una entrada a este blog y a este proyecto fracasado que he denominado 1000 palabras. Con este post cierro lo que empezó como una idea genial, con muchas ganas de lograr el reto, pero que, como muchas cosas en la vida, al final no logré. Claro que no es algo que me deprima ni mucho menos, todas las decisiones que tomamos en determinado momento y a consciencia, se tomaron porque era lo que en ese instante nos hacía más sentido.

Y si, no podría decir que fue totalmente un fracaso, porque al menos me hizo escribir durante un tiempo. Hasta me preocupaba de sobremanera los días que no podría hacerlo, hasta que dejé de martirizarme por ello. Y claro que como con todo fracaso o error obtienes grandes aprendizajes. Uno de ellos es que descubrí que mantener vivo un reto como ese primero tengo que definir un tema en específico. Lo más difícil de sentarse a escribir es lo que sucede antes de, es decir, decidir de qué vamos a escribir. La mayoría de las veces simplemente tenía muchas cosas en la cabeza que por alguna razón no había podido manifestar o aún expresándolas necesitaba rebuscar dentro mi para entenderlas. Y al final la única manera en que puedo hacer eso es escribiendo.

Así que, cuando no tenía nada de qué escribir, porque no tenía un tema claro, pues simplemente no escribía.

Lo otro en lo que encontré dificultad fue en poner sobre la hoja en blanco las ideas que se me habían ocurrido, y darles sentido, lo peor era cuando no las escribía al tiro. A veces ocurría algo durante el día, pero dejaba la escritura para los momentos que estuviera frente a mi computadora, en la tranquilidad de la casa. Claro que del punto A al punto B pasaban muchas cosas, y cuando finalmente lograba sentarme a manifestarlo, puff… todo se borraba.

Ha sido curioso como mi vida ha transcurrido en un ir y venir, sin rumbo fijo, y cada siento le agrego más cosas a mi agenda, sin embargo, todas esas cosas que estoy agregando solo me están dando estrés, y claro dinero. Un ejemplo claro es que el otro día compré un cuaderno cocido. Sí, de esos que solíamos utilizar para ir al colegio. Lo compré exclusivamente para anotar las cosas que me soñaba, porque como dije, hay cosas a las que solo les encuentro sentido una vez que las escribo. Y es tan absurdo pensar que al momento de despertar, recordaba vivamente el sueño, más sin embargo, esperaba llegar la tranquilidad de mi oficina para anotarlas con calma. Así he dejado pasar varios sueños.

Y eso me hace creer que es muy trágica mi situación cuando ni siquiera puedo sentarme un momento a escribir las cosas que quiero, cuando quiero. Hace dos meses estaba inquieta, abrumada, con ganas de dejar todo e irme de viaje. No sé que ocurrió con claridad, pero de repente estoy como sedada. Siguiendo una rutina de vida de la cual me siento cansada y hasta un poco aburrida, pero que a la vez me entretiene y por alguna extraña razón ahora estoy más calmada, como si me hubiera tomado un sedante.

¿Eso es lo que le pasa a la gente después de un tiempo? Se acostumbran tanto a las cosas, aún cuando no están donde quisieran o no hacen lo que quisieran, ¿que terminan queriéndolo? O creyendo que lo quieren. ¿Es lo que les ha pasado a tantos conocidos, amigos y familiares? ¿Que están en un sitio donde ya las cosas no les agradan, pero se quedan porque les da cierta sensación de placebo?

Hay  una frase que ha rondado por las redes sociales que suele decir, que mientras menos encajes en el mundo, más cerca estás de encontrarte a ti mismo. Yo cada día me siento más desubicada, ¿eso significa que estoy por llegar al nivarna? Probablemente no, pero es interesante pensarlo, además, sería genial poder llegar a un estado de nirvana… y no, no hablo del grupo ni de nada ilegal…

Esto es, estas han sido mis mil palabras de estos meses, que al final no concreté, pero que me ayudaron a entender que debo definir primero qué quiero decir, por qué quiero decirlo y cómo lo haré. Para empezar, creo que no hay nada mejor que retomar viejos escritos abandonados. A propósito de que el próximo sábado se cumplen cuatro años del viaje que me cambio la vida, sería bueno dedicarle un espacio en sitio, así comparto con ustedes la experiencia de un año que me ha dejado con mucha nostalgia, y de paso me da tiempo para prepararme para decidir qué cosas quiero contarles que no sean solo reflexiones de una joven, que ya hay millones por ahí rondando. Tristemente, la gente siempre escribe de lo mismo.

En conclusión, fracaso o no, mil palabras ha sido un desahogo que me ha servido de mucho en muchos instantes. Como todo, es momento de cerrar con esas mil palabras (que muchas veces no pasaron de más de 500) y ofrecerles otra clase de contenido. No sé cuanto tiempo me tome traerles algo totalmente nuevo y original, como habrán leído, he estado ocupando mis horas más de la cuenta. Aunque si les soy sincera, escribo más cuando estoy más estresada, porque de hecho tengo cosas que contar. Si estuviera haciendo nada durante todo el día, probablemente no saldrían tantas ideas.

El 10 de octubre iniciaré con mis crónicas del Efecto Máster, así que, si aún estás interesado en leer lo que escribo, te invito a que sigas entrando de vez en cuando a este espacio. Pero sobre todo, te agradezco que aún hoy, sigas leyendo esto, estés donde estés.

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