1000 palabras: la vagancia

Y de tanto dejar pasar el tiempo se volvió viejo, ahí sentado, haciendo nada.

Uno de los mayores inconvenientes en la vida para hacer cualquier cosa es eso que en mi país llamamos ser vago. Para quienes no estén asociados al término se refiere a la pereza, a la holgazanería, y si, a la falta de ganas de hacer algo. En mi caso, inicia como un cansancio mental o físico que me lleva a querer estar tirada en mi cama sin forzar una sola neurona de mi cerebro. 

No está mal, de vez en cuando es bueno dejarse llevar de esa pereza y apagar todo por par de horas. El problema reside en la extensión que le damos a ese período de tiempo ‘doing nothing’. Tiene mucho que ver incluso con procrastinar, por ejemplo, cuando llegamos a casa y sabemos que debemos hacer una tarea para el siguiente día, pero como nos sentimos un poco cansados, primero nos damos un baño, luego nos recostamos unos minutos a ver cualquier tontería en Internet o en la televisión, nos da hambre, nos paramos para comer algo de la cocina, o si tenemos suficiente dinero en la cuenta del banco pedimos por delivery, y como estamos comiendo solos (en algunos casos) nos ponemos frente a la tele y terminamos enfrascados en una película que estaba buenísima hasta que es la hora de dormir y bueno… la tarea se quedó para mañana.

Yo he sufrido un serio caso de vagancia en los últimos días, al llegar del trabajo no quiero pensar o analizar nada, y aunque las cosas que tengo que hacer están a un clic de ser logradas, me ha consumido una pereza que hacía mucho no experimentaba. No al menos desde que me toca levantarme antes de las siete de la mañana para recibir el salario mensual que reside en mi cuenta de banco.

Por lo tanto, ya sabrán que tan peligroso es para una aspirante a escritora esta ‘no actividad’ que cada día envuelve más y más. Y seamos sinceros, con este mundo tecnologizado, donde cada día la comodidad están siendo un elemento 1A es mucho fácil caer en este mal hábito de hacer nada.

Creo que por ello es bueno evitar la cama al llegar a casa, sentarse quizás en la silla menos cómoda, alejar la tele y las páginas poco productivas, ubicarnos en un ambiente donde sabemos podemos producir (en mi caso contenido que luego compartiré con ustedes), y que sea lo suficientemente agradable para ayudarnos a hacer las cosas que deben ser realizadas, y evitar caer en el aburrimiento o la incomodidad hasta un punto en que ya no queramos seguir sin haber acabo.

La zona de conform es muy peligrosa, se siente muy bien, pero nos limita mucho a la hora de alcanzar nuestros objetivos.

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