1000 palabras: Historias para contar

Todos tienen algo que contar.

Ella no debía ser mucho mayor que yo, quizás dos o tres años más como mucho. Estaba sentada, recostada en la silla, y por alguna razón me parecía que estaba incomoda. Debía tener más de 6 meses de embarazo, y al parecer no se encontraba muy dispuesta fisicamente, aún así me atendió con mucha amabilidad y justo como un personal de servicio al cliente debe atender. 

En los casi 60 minutos que estuve ahí, robándole tiempo de su hora de salida, pude observar que su compañera cumplía años, que esperaban un bizcocho que debió llegar 45 minutos antes y que preparaban un baby shower. Mientras digitaba mis datos en la computadora, revisaba los registros y llenaba formularios que luego me hacia firmar, se puso de pie tres veces para consultar con sus superiores y buscarme el modem que necesitaba. A los 45 minutos de estar de pie frente a su ventanilla noté que justo en ese tiempo le tocaba terminar su turno e irse a su casa. Me sentí apenada, aunque sinceramente no esperaba que ese procedimiento durara tanto como lo hizo.

De todos modos, nunca dejó de sonreírme y cuando me disculpe con ella por quitarle tanto tiempo, me dijo que no me preocupara y hasta se rió, supongo que hasta cierto punto se apenó o no sé. Cuando finalmente terminamos el trámite, llegó el bizcocho, la cumpleañera ya se había ido, y la verdad no entendí muy bien en qué momento se daría el baby shower.

Al salir de las oficinas lo que quería era comer algo, mientras saciaba mi hambre pensé en todas las historias que hay detrás de cada persona. Gente que te encuentras en las calles, personas que te atienden un día y que probablemente no vuelves a ver, pero que como todos tienen una vida, unas historias que contar, algo de lo que puedes aprender.

Claro, que usualmente uno no va por ahí preguntándole a la gente de dónde son o qué cosas interesantes han ocurrido en sus vidas. Esas son cosas que se ganan con el tiempo de conocer a alguien (a veces solo se necesitan dos horas sentados en un autobus), y por ello creo que aquella frase de “caras vemos, corazones no sabemos”, nadie sabe sobre los demonios que el otro esté llevando, imagino que tiene mucho que ver eso de que hay que ser amables con otras personas.

Esa chica que me atendió probablemente nunca más la vuelva a ver, o tan siquiera llegue a conocer a su bebé, pero espero que le vaya bien, y de paso mi encuentro con ello me sirvió para reconfirmar que las historias están ahí, simplemente hay que salir a buscarlas para poder contarlas.

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