1000 palabras: Cuestión de comunicación

Cuando trato de comunicar y no morir en el intento.

Parecería irónico pensar que una persona profesional de la comunicación social tenga problemas para comunicarse con quienes les rodea, sin embargo, ¿cómo era el dicho? “En casa de herrero…”.

Desde que entré a la universidad he estado estudiando el arte de comunicar, qué decir, cómo decirlo, cuál es la forma más efectiva para decirlo, qué representa el decirlo, en qué momento decirlo. Son muchos factores los que afectan el que un mensaje llegue o no a su destinatario, y claro, que llegue cómo debe hacerlo. 

En mi carrera he pasado por muchas áreas, muchos puestos y distintos tipos de empresas u organizaciones: verticales, horizontales, de tecnología, de educación, de medios, gubernamentales, privadas, etc. En todas siempre he notado un problema fundamental en cómo se manejan las cosas: no existe una comunicación efectiva.

Incluso aquellos que pretenden ser muy claros y transparentes, se pierden en los laureles tratando de enviar un mensaje. A veces dicen algo queriendo decir otra cosa, en ocasiones lo hacen intencionalmente sin darse cuenta. Sí, sé lo que dije. Me refiero a que internamente es lo que desean, pero no son capaces de notarlo o aceptarlo, o piensan que están siendo claros cuando es todo lo contrario.

De acuerdo a la experiencia de muchas personas que he conocido, sería mucho más fácil poner las cosas sobre la mesa, claramente, y al punto. Pero a veces no se puede. Es complicado ser cristalinos. Empecemos por el hecho de que el ser humano cambia de opinión sobre muchas cosas en muy poco tiempo. Tengo frío, apago el aire, ahora tengo calor, enciendo el aire. Ya de por sí eso implica un problema en la comunicación, porque si hoy quieres la pared azul, pero mañana te levantas con que la quieres verde, eso puede implicar un problema para el pintor que se planificó para mañana y hoy compró la pintura y las brochas para ello.

Quizás por eso en algunas empresas y sociedades la planificación es una utopia. Pero eso es otro tema.

Volviendo a la habilidad que tenemos los seres humanos de comunicarnos, es interesante ver que fuera de las barreras idiomáticas, del marco referencial, del contexto cultural y de los conocimientos técnicos, no podemos comunicarnos. O sea, tenemos miles de redes sociales (todos los días se agrega una más a la lista), miles de medios de comunicación, existen hasta traductores online que te ayudan ahí mismo, y aún así, es como si cada cerebro fuera tan único que aún poseyendo las mismas características se le hace casi imposible conectarse a otro.

A mi me ha estado sucediendo que mi cerebro se apaga. De repente me estás hablando, contándome algo, y por más interés que tenga en escucharte, me desconecto. Me ha sucedido varias veces y es automático. No lo puedo controlar. Como soy una persona muy práctica, también me sucede que prefiero que vayas al punto. Si vas a contarme que el carro chocó al perro porque el animal cruzó la calle y el conductor no pudo frenar a tiempo, cuéntame eso, y no lo adornes.  Ve al punto.

Claro, es un poco extraño eso que te pido, porque yo cuando me siento en confianza y quiero contarle algo a alguien, doy muchas vueltas para contarlo, termino explicando cientos de factores que afectaron el hecho. Aunque también he notado que eso me sucede porque pierdo el hilo de lo que quiero decir, olvido cuál era el punto del mensaje, es como si mi cerebro pensara mil cosas a la vez y al momento de decirlas se enredara. Como dice una amiga: Mi cerebro quedó muy bien allá adentro, pero mi boca lo hizo quedar muy mal.

Tal vez, esas cosas que me ocurren a mi a la hora de comunicarme le sucedan a otros, quizás te suceda a ti y ni cuenta te has dado.

Otro problema con la comunicación puede darse cuando independientemente de lo que nos digan, tenemos una posición y un punto de vista tan tajante, que cualquier palabra que escuchemos nos va a parecer una real estupidez. Pareciera como si poseyéramos la verdad universal, no queremos admitirlo frente a otros para no parecer arrogantes, queremos hacerles ver que sí los escuchamos, pero a la hora de la verdad es como si usáramos sus palabras como papel de baño.

En otros casos simplemente resulta que ni siquiera nos escuchamos a nosotros mismos, y ahí si que la terminamos -me disculpan el término- cagando.

Comunicarse es fundamental para el ser humano. Para bien o para mal, necesitamos esa interacción otro ser y para ello es necesario poder transmitir nuestros pensamientos y deseos y recibir retroalimentación de lo que decimos -otro punto para las redes sociales y aquellos que publican las cosas esperando el like o comentario-.

Entonces si es una necesidad imperiosa que no podemos eliminar, como no podemos evitar comer, dormir o beber agua, no estaría de más intentar hacerlo lo mejor posible. Claro, es un esfuerzo extraordinario no golpear a alguien, o usar la violencia para transmitir nuestro pique o frustración en algunas ocasiones, y sí, requiere de mucho más que  solo saber hablar y usar palabras bonitas, hay que ser empáticos, amables, tener tacto, buscarle la vuelta según la situación y la persona… y si, es algo que aprendes, y que lamentablemente no todos pasan el examen.

Al final es pensar antes de hablar, incluso sentir.

 

 

 

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