1000 palabras: De decisiones estamos hechos

Buenas o malas son parte de mi.

Las decisiones son parte fundamental de nuestras vidas. Nos ayudan a seguir los caminos que queremos, que tememos, que nos harán crecer. Cada decisión que tomamos, consciente o no, nos lleva a caminos distintos, nos aleja, nos acerca, pero definitivamente nos hace movernos, no nos deja estancados en un su lugar.

En ocasiones podemos llegar a sentir que la decisión tomada en determinado momento fue la equivocada. Y realmente, nos equivocamos mucho. Pero, eso solo es parte de crecer, de adquirir experiencias que nos ayuden a enfrentar cosas a futuro, de tratar de entender un poco más el mundo que nos rodea y sobre todo a las personas que nos encontramos en el camino.

Claro que no siempre podemos encontrar el sentido en cometer errores y no saber discernir. Y probablemente hagamos muchas tonterías pensando que tenemos la razón, al final es cuestión de aprendizaje, creo, y por supuesto que aprender puede llegar a doler, pero vamos, que somos humanos y estamos acostumbrados -hasta cierto punto- al dolor.

Tomar una buena decisión implica tener conocimiento de las cosas, mirar el ‘big picture’ y sondear todas las posibilidades. Los ingenieros, programadores, suelen tomar sus decisiones evaluando todo lo que puede salir mal, eso no evita del todo que comentan un error, pero puede reducir las posibilidades.

El gran problema con decidir es que no siempre se trata de algo correcto o incorrecto, lo bueno o lo malo, a veces es entre dos cosas negativas la menos negativa, o entre dos cosas buenas la que será de mayor provecho. Puede ser incluso que las opciones impliquen exactamente lo mismo. Pero obviamente es algo que no sabemos hasta que no lo hacemos.

¿Me mudo o no me mudo? ¿Me quedo o me voy? ¿Llamo o no llamo? ¿Lo compro o no?

Es curioso, la mayor parte del tiempo se tratan de cosas pequeñas, como qué atuendo utilizar, de qué lado del sofá sentarse, qué programa ver en la televisión. Pequeñeses que no afectan al ‘gran diseño’ o al plan maestro que hay en el universo -en el dado caso que creas en ello-, y aún así es interesante pensar en como esas diminutas opciones pudieran provocar enormes catástrofes. El ejemplo más cliché de todos, Colón y su viaje a América.

Soy de las personas que evalúa mucho las situaciones. En qué lugar y fecha conoces a alguien, por qué lo conoces, cuál es el punto de conocerlo, si doblas a la derecha encontrarás a la persona que cambiará tu vida y te ofrecerá el trabajo de tus sueños, o si respondes el mensaje a ese desconocido terminarás yéndote del país…

En lo personal, muchas de las decisiones que he tomado me he equivocado, y probablemente muy a lo grande. Podría decirles que gracias a eso, estoy donde estoy, y que eso es bueno, realmente no, pero tengo fe de que es solo parte del aprendizaje, y que a veces es necesario pasar por transiciones no muy agradables, para poder saber qué queremos. ¿A qué me refiero?

En comunicación, por ejemplo, hay muchas áreas de ejercicio, cuando te graduas tienes miles de opciones para trabajar: periodista, editor, productor, relaciones públicas, social media, en fin… sales con un argot bastante amplio y en cualquier puesto que necesiten a una persona con habilidades de comunicación puede llegar a encajar bastante bien. Pero, no todos dan para todo, y la única manera de saber para qué eres realmente bueno, y qué es lo que realmente terminará gustándote, es teniendo la experiencia de cada cara de la moneda.

En algunas situaciones durarás dos semanas, en otras les darás largas hasta que te termine gustando o te adaptes o deje de importarte. Hay otras que desde el primer momento lo sabes, y lo decides, ¡esta es!. Y si, también están esas en las que lo sabes totalmente, pero no es el momento -esto me ha pasado tanto en lo últimos años…-.

Creo que al final lo que trato de decir es que decidir nunca es fácil, no cuando se trata de grandes opciones, y una vez que lo haces simplemente queda asumir el riesgo. Aceptar las consecuencias y enfrentarlo. Ya luego entonces te tocará tomar otras decisiones que te hagan cambiar el rumbo, pero todo a su tiempo.

Es importante saber que independientemente de la opción que elijas en determinado instante, debes asumirla con cierto orgullo, incluso si fue algo que no pensaste lo suficiente, a veces las decisiones tomadas sin pensar, suelen ser las más acertadas. Así que lo mejor es tratar de no arrepentirnos de lo que hayamos elegido, quizás no puedas volver atrás, pero siempre puedes cambiar la ruta del camino. Es lo bueno del libre albedrío.

 

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