1000 palabras: Todo puede ser usado en tu contra

Incluso este texto podría ser usado en mi contra.

Como gestora de contenido de redes sociales, cuando utilizo mis redes personales tengo un par de reglas y puntos claros que me gusta seguir para evitar conflictos: No agregar a personas que no conozco a Facebook, no agregar a mis estudiantes a Facebook hasta el término del semestre y una vez que esté segura que no volveré a darles clase y todas mis publicaciones están exclusivas a las personas que tengo agregadas a mi cuenta. Es decir, que al menos que comparta algún trabajo público a nivel “público”, sólo las personas en mis redes están propensas a leer lo que publico y/o comentar. Aunque la segunda regla la rompí en tres ocasiones que la verdad ahora mismo no recuerdo bien la razón.

Esto lo aplico no sólo para cuidarme de los virus y las malversaciones que existen en las redes, sino también porque al menos en Facebook trato de mantener mi circulo cerrado a amistades y familiares. Personas que quizás ahora mismo no veo nunca o con quienes he perdido contacto, pero que en algún momento de mi vida representaron algo así como un amigo valioso o un buen colega de trabajo. Básicamente esa es la razón de la regla.

Como mis cuentas en las redes sociales son muy personales, no suelo asociarlas a mis puestos de trabajo (aquellos en los que dependo de una empresa), ni suelo mencionar nombres o puntos específicos de situaciones en las que probablemente esté haciendo alguna queja, porque al fin y al cabo, son mis redes y hasta donde tengo entendido estás conllevan a ser un espacio de libre de expresión y obviamente no siempre las personas estarán de acuerdo con lo que comentes.

En la gestión de cuentas aprendes que nunca debes hablar mal de tu empleador o de tus compañeros de trabajo a nivel público, esto para evitar problemas o malas interpretaciones y se aplica el mismo caso cuando eres estudiante y publicas algo de tus profesores o viceversa. Sin embargo, existen momentos de la vida misma en los que la queja surge y se torna una bola de nieve enorme antes de que te de cuentas. En muchas ocasiones, puede suceder que publicas algo con cierta inocencia, pero las personas, quienes te siguen, le dan un enfoque distinto o incluso le dan mucha más importancia que la misma que le diste a la hora de publicarlo.

Muchas personas tendrán sus opiniones desde su óptica: debiste de hacer esto, o aquello… pero es como algo que leí hace poco e incluso mencionaron en un taller de motivación y trabajo en equipo en el que estuve participando estás dos últimas semanas: en el momento que lo hiciste para ti eso era lo correcto y lo que debías hacer, si no paso nada y todo siguió su curso, que bueno porque tomaste una buena decisión, si te trajo algo que no esperabas o te hizo pasar un mal rato, qué bueno, porque así has aprendido algo nuevo.

Dicen que los errores no existen, sin embargo nuestro sistema de educación nos machaca con una idea contraria. Siempre que fallas, te quitan puntos, aún cuando lo vuelvas a hacer, y a veces, en vez de preocuparnos sobre qué hemos aprendido, nos preocupamos más en ver cuántos puntos hemos perdido. Y todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pensado así. Claro que con el tiempo aprendes que no todas las batallas se ganan y no todas las batallas se luchan. Que no siempre tendrás lo que quieres, y no siempre, por más que luches alcanzas tus metas. Pero esto siempre terminamos aprendiéndolo a la mala.

En mi papel de community manager me ha tocado ver muchos casos, muchas quejas, muchas crisis y siempre que me topo con situaciones así me detengo y respiro. Me detengo y pienso: qué debo decir, qué debo hacer, lo que diré hará que cambie de alguna manera su manera de pensar o sentir, avivaré la llama o apagaré el incendio. Luego, salgo a caminar, tomo agua y respiro una vez más, a veces es mejor no responder (y en las redes sociales la recomendación es que siempre respondas) no porque quizás no tengas la razón, sino porque el tener la razón o no, no hará que la otra persona cambie su sentir del momento, y recuerda, todo lo que digas podría ser usado en tu contra.

En este punto, yo no tengo control de quien lee los textos en mi blog, porque este es un espacio abierto al público para compartir mis escritos y parte de mis otras pasiones como la fotografía. Yo no sé si las personas que protagonizan las situaciones en las que me inspiro para escribir alguna vez me leen o si ni siquiera se enteran, pero si de algo he aprendido en todos estos años en el mundo de la web es que siempre te va a leer quien en ese momento tiene que leerte. Esa es la magia de internet, para bien o para mal. A veces es alguien que está pasando por lo mismo que yo, alguien que se siente identificado, alguien que un día te lee y le gusta eso que leyó y quiere seguir leyendo más del tema. Y eso, mi estimado lector, es lo más fascinante de estas mil palabras que te escribo hoy.

Al final, el tiempo me dirá si tengo la razón o no, si me equivoqué o no, y te aseguró que sea lo que sea, habré aprendido una valiosa lección.

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