1000 palabras: the perks of being a teacher

Aprende más quien enseña, porque da y recibe conocimiento.

Dos años, 6 materias y más de 50 alumnos sumo actualmente en mi corta travesía como profesora. Ha sido una grata experiencia que a veces, en pocos momentos se vuelve frustrante, pero que al final rinde sus frutos. Como aprendiz de profesor he tenido que practicar mucho la empatía y la paciencia, cualidades estas que creo son necesarias a la hora de interactuar con un estudiante. He procurado ver la otra cara de la moneda, esa que no se nos es posible vislumbrar sentados en el otro lado de la mesa pero sin olvidarme de cómo se siente estar sentado en esa butaca mirando hacia el pizarron a alguien que en teoría debería estar enseñándome algo. 

Por eso mismo, y por que a lo largo de mi educación me tocaron profesores con muy poca motivación o deseo de enseñar, o simplemente personas que no tenían ni idea de lo que decían o hablaban, trato de no cometer los mismo errores con mis estudiantes ahora. Me ha ayudado mucho el hecho de que me han tocado materias propias de mi área, que a su vez son muy técnicas por lo que me es posible irme por una línea bien definida, pero a la vez, me permite usar mucho la creatividad a la hora de asignar los trabajos y manera de hacerlos.

Claro que hay semestres mejores que otros, y grupos mejores que otros. He tenido personas con las que he creado cierta afinidad y personas con las que no, pero al final, de cada uno siempre se aprende algo. Mi experiencia como profesora también me ha mostrado las ventajas que tenemos quienes nos dedicamos a esta labor cuasi vocacional -y digo cuasi porque no todos la ejercen con vocación como deberían-. Estar de pie frente a un grupo de personas tratando de transmitir lo poco que sabes sobre un tema en específico te da cierta autoridad y liderazgo que quizás de otras maneras no había podido demostrar o más bien explotar. De repente resulta que por estar ahí, de pie, la gente te escucha… bueno, algunos…a veces… Y sin embargo, más que el hecho de ser escuchada resulta que tengo la ventaja de escuchar y dar, con mi actitud e interés, un aporte al cambio, ese del que todos hablan pero el cual nadie está dispuesto a ofrecer.

Por supuesto que es normal que no siempre que digas que hay que ir por la derecha, tus alumnos irán por la derecha. De hecho te encontrarás con muchos que se quedarán viéndote, y preguntarán: ¿pero por qué por la derecha? ¿por qué no por las izquierda? y a veces tendrás la respuesta a esa pregunta, pero a veces no, y creo que uno de los grandes errores de muchos veteranos en el mundo de la enseñanza es no poder admitir que no lo saben todo. 

Otro de los grandes errores es no saber definir el tipo de enseñanza que necesita cada persona individualmente. Mientras unos aprenden mejor leyendo, otros son más diestros con las imágenes, algunos con las formas, otros haciendo… pero generalmente juzgamos a un pez por no saber trepar un árbol, y en parte es culpa del sistema educativo en el que nos encontramos. Por ello, en mi caso, uno de los momentos más difíciles y frustrantes es a la hora de publicar una calificación.

En la carrera que imparto asignaturas se da un fenómeno muy interesante con los estudiantes, no todos, pero con muchos: son obsesivos compulsivos con la nota. No se sienten bien si no sacan una A, para algunos perder puntos que los hagan bajar de una letra significa que el esfuerzo ha sido un total fracaso. Que cruda puede ser la realidad cuando fuera de las aulas una nota no es lo que te dará el trabajo. Pero vuelvo y digo, es algo del sistema educativo, no solo a niveles superiores sino también a nivel inicial.

Así que cuando un estudiante o varios vienen a mi al final de semestre insatisfechos por no haber obtenido una A, me analizo a mí misma y me pregunto: ¿será que mi sistema de evaluación está errado?  Más sin embargo, habiendo revisado una y otra vez la metodología, pienso en qué pasaría si la carrera fuera otra, si mi actitud frente a los estudiantes fuera distinta, si la manera de evaluar fuera diferente… y entonces llego a la conclusión de que la mitad de los estudiantes sacarían C, mientras otros se quedarían con B y unos pocos lograrían la ansiada A, sin contar a ese pequeño porcentaje que terminaría repitiendo la materia.

Pero a veces ellos no ven eso. Sólo ven que el profesor les puso una letra de la cual no se sienten satisfechos, independientemente de si es buena o no, de si es lo que merecen o no, de si es justa o no. La ventaja en este punto radica en que el profesor, aunque a veces no lo parezca, conoce muy bien a cada de sus estudiantes, incluso a aquellos con los que no ha logrado alguna conexión. Y al final no solo se puede o debe valorar la parte técnica del trabajo, sino también a la persona. Porque en teoría, se trata de que ese joven que está sentado ahí aprenda a sobrevivir en el mundo que lo rodea, y ese es otro gran error, que muchas escuelas no enseñan a cómo salir adelante en un planeta donde una A no es lo más importante ni lo que te asegurará el éxito. Aún falta mucho para que el sistema educativo cambie en mi país, pero trataré de seguir aprovechándome de la ventaja que tengo: el poder pararme frente a un grupo de personas y enseñarles lo que sé y aprender lo que saben.

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