1000 palabras: Realidades alternas

De un lado los que pueden y del otro los que no.

Finalmente vi la película ‘La Gunguna’, un film dominicano dirigido por Ernesto Alemany y producido por Juan Basanta (director de Biodegradable). Después de días por ir a verla luego de que muchas personas me la recomendarán, finalmente fui y no me arrepentí. La película es realmente buena.

Algo de interés, a parte de la historia que cuenta, es ver las realidades alternas que confluyen en una misma ciudad. Ayer les hablé de las distancias y lo que estoy por comentarles tiene que mucho que ver con esto. ¿En qué sentido? Sencillo, es increíble que en tan pocos kilómetros se vivan dos realidades totalmente distintas. Dos y hasta muchas más. La historia, para quienes no tengan idea de a qué me refiero, se va uniendo a través de un personaje, un soldador de una construcción a quien la vida se la pasa dando golpes uno detrás del otro, y nada más ejemplificador que el día que ha tenido desde el momento en que sale de la construcción hasta el otro día cuando regresa a su casa tras una noche de película.

Con él se puede cómo viven muchas personas en nuestro país. Gente que pasa igual ocho y hasta 12 horas trabajando de sol a sol para ganarse a penas 600 pesos (13 dólares aproximadamente), que llegan a su casa -una choza a punto de caerse con techo de zinc y un viaje de hoyos- sin luz eléctrica, sin agua, con el tipo del alquiler tumbándole la puerta a la hora de la cena para cobrarle los cuatro meses que debe de renta. Como él viven millones de dominicanos, en una realidad totalmente alterna a la mía, a la tuya y a la de muchos otros que probablemente estén en una bola de cristal sin darse cuenta lo que ocurre a su alrededor.

En mi país se tienen dos estaciones: verano e infierno. Ahora mismo transitamos la parte del infierno, el verano llega en diciembre o enero con una brisita fresca que da una invitación para usar ropa un poco más cubierta. Aquí no se pasa ‘frío’ pero si mucho calor. Así que cuando vas al cine tras un día extremadamente caluroso esperas a que al menos el aire te refresque un poco… a mi me pasó lo contrario, cuando al ver la película y ver sudar a las personas en escena sentía que el calor en la sala aumentaba. Y es así, mientras yo con mis pocas o muchas posibilidades, gracias al esfuerzo de mis padres y a mis propios méritos al crecer puedo disfrutar de ir un domingo a vivir sensaciones a través de una pantalla grande, otros, como el protagonista de ‘La Gunguna’, está allí acostados en su cama, mirando hacia el techo, sudando y pensando cómo se harán mañana para conseguir el dinero que necesitan para llevar el pan a sus casas.

Muchas veces cuando alguien comida y decide botarla al basurero, suele a parecer alguien con la expresión: “pero piensa en los niños de Africa”, y realmente no hay que irse tan lejos para ver o sentir una realidad tan deplorable como muchos niños en en el continente africano. No sé si a alguien más le pasó lo que a mi al ver esta película, que además de disfrutar una buena historia y reírme o sorprenderme con algunas escenas, sólo pensaba para mis adentros lo mal que está mi país. Puede ser que solo sea ficción, una historia muy bien contada, sin ninguna base real, pero no se puede negar que muchas de las situaciones vividas en ese mundo de fantasías son muy propias a las escenas que vivimos muchos de alguna u otro manera en este rincón del mundo.

A veces da hasta un poco de rabia y coraje cuando sabes que muchas de esas injusticias están muy fuera de la pantalla. Y sin embargo, es tan complicado poder cambiar la realidad de tantas personas cuando no se poseen ni los medios ni el apoyo necesario para hacerlo. Me resulta curioso ver tanta lucha y tanto movimiento por ciertas causas, personas apasionadas por lo que creen o que parecen estar apasionadas en lo creen, y a veces no es más que una pantalla para lograr un objetivo ulterior que sólo está movido por intereses personales y nada tiene que ver con altruismo de ayudar a otros o conseguir un bien mayor.

Yo, de igual forma, soy parte de esa máscara de humanos que vela por sus intereses y aquello que le es beneficioso. Yo también he sido y soy egoísta con mis cosas. Yo también vivo realidades alternas que a veces no se entienden muy bien una con la otra.

Que lamentable que el mundo esté dividido por tantas realidades, tantas verdades y tantos intereses egoístas. Más aún es el pensar que es algo que está intrínsecamente ligado al ser humano, y mientras nuestra especie persista, está más enredado que el mandarín poder cambiar el hecho de que en una calle viva una familia en una casa lujosa, de ladrillos o cemento, con jardín y vehículos parqueados, con abanico e incluso aire acondicionado… y justo a una esquina, en la calle de atrás, viva una familia probablemente más grande en una choza de madera podrida, zinc agujereado sin siquiera un abanico pequeño.

Hay realidades que sencillamente son muy duras de aceptar.

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