Del síndrome de Pinocho y otras fantasías que deberían existir

Actualmente en el mundo están sucediendo muchos cambios muy bruscos que tienen a las personas muy tensas y actuando muy a la defensiva. En Estados Unidos, por ejemplo, el Tribunal Constitucional aceptó e implantó como derecho y ley el matrimonio entre personas del mismo sexo, es decir, que las personas homosexuales pueden casarse legalmente donde sea que les de la gana dentro del territorio estadounidense. Claro que a esto diversos sectores de la sociedad, incluyendo religiosos radicales y conservadores extremistas salieron dando el grito. Muchos de ustedes saben de esto más que yo. 


Otro caso, y que nos llega más de cerca a los dominicanos es la situación actual de la política migratoria que está llevando a cabo el país y que nos ha colocado en el ojo del huracán de estados y organismos internacionales. En este caso quiero resaltar dos cosas: 

  • Número uno: El Plan Nacional de Regularización para extranjeros en situación irregular en República Dominicana y la Ley de Naturalización 169-14 son dos cosas totalmente distintas. El mundo no está en contra del Plan de Regularización, eso es algo que todo el mundo aplaude, y la verdad no tiene sentido que la gente siga poniendo eso como sujeto de la oración cuando no es eso lo que se está criticando. El problema son todas las personas que fueron desnacionalizadas con la sentencia 168-13 donde a todo hijo de ambos padres extranjeros aún habiendo nacido en territorio dominicano, se les quitó su nacionalidad.

 

 

  • Número dos: Esto no es asunto de la Dirección de General de Migración o el Ministerio de Interior y Policía, o Cancillería o incluso la misma Presidencia de la República Dominicana. El problema es que la Junta Central Electoral indocumentó a un reguero de gente, luego, sacó una lista de 55 mil nombres como para enmendar su “error” pero nunca se disculpó, ni dijo de qué manera podría resolver el problema de aquellos pobres desgraciados que no tienen manera de probar que nacieron en territorio dominicano, porque lamentablemente la vida ha sido tan desgraciada con ellos que probablemente no tuvieron unos padres que se preocuparan por documentarlos al momento de nacer. Entonces, ¿qué pasa con ellos? Pues que son dominicanos hasta que se demuestre lo contrario. O al menos así es como lo ve el mundo.

 

Ya que he planteado el caso, continuo con lo siguiente. Se está dando algo que suele suceder ante sucesos como estos, y esto es la manipulación mediática. Para quienes no estén claros sobre este concepto, es cuando en los medios de comunicación se empieza a crear mucho ruido sobre un tema, poniendo la atención pública en un punto del problema, olvidando el verdadero meollo del asunto. Es como si ocurriera un incendio en una fábrica, mueran un grupo de bomberos tratando de salvar a las víctimas cuando el edificio estaba vacío, y en vez de preguntarse qué provocó el incendio la gente se enfocara en preguntarse por qué el capitán del escuadrón arriesgó la vida de sus compañeros -quienes vieron la serie entenderán-.  Entonces ahora mismo algo parecido sucede con todos los temas que están sobre la mesa de edición de los medios de comunicación, se están enfocando en darle mucho auge a un tema, cuando deberían enfocar en otros problemas más relevantes.

Es el caso del Estado de Haití y el discurso de su canciller durante la convención de la OEA realizada el miércoles pasado en Washington. Básicamente el señor aprovechó la situación para colocarle como una víctima de la situación y pedir a la comunidad internacional que interceda en Dominicana, cuando ellos están en tres procesos electorales, tienen crisis política, económica y social, y bueno, es un estado fallido donde están pasando muchas cosas que en fin… no son unos santos. Entonces, es normal que ante una situación como la que se están dando, quieran saltar con cosas que no tienen sentido -tipo que en la Universidad Autónoma de Santo Domingo no hayan estudiantes haitianos, cuando hay miles-, o que hay deportaciones masivas no solo de haitianos sino también de dominicanos descendientes de haitianos. Así como él hay muchos otros que han salido a hablar tergiversando la realidad de las cosas, tanto del lado de aquellos con interés de que la República Dominicana se organice y salga adelante, como del lado de aquellos que quieren que el país se termine de joder mientras hacen y deshacen en sus casas.

Y es aquí cuando pienso en el síndrome de Pinocho, no en ese que en psiquiatría habla de mitómanos, y personas propensas a mentir sobre todo en sus vidas, sino en esa fantasía irreal donde al mentir la persona manifiesta algún cambio físico -como que le de un ataque de hipo por ejemplo-. Hubiera sido muy divertido que este señor canciller de Haití sufriera de algo así. Claro que imagino que esto tendría sus ventajas y desventajas, en especial en un mundo como el nuestro donde las apariencias y el qué dirán o pensarán es el motivador número uno de las personas -no todas claro, pero hay muchos…demasiados casos-.

Como él, puedo mencionar muchos otros que deberían sufrir del síndrome que digo. En especial algunos funcionarios públicos dominicanos que no han hecho más que fastidiarle la vida a personas trabajadoras y decentes que lo único que buscan es ganarse el pan de cada día para sus familia. O aquellas botellas -en mi país una botella es cuando una persona consigue un trabajo, generalmente en una oficina pública- que por X o Y se han visto favorecidas debajo del manto de algún director o jefe superior, y por más mal que haga su trabajo o sea su trato interpersonal con el resto del equipo, sigue cobrando un sueldo, sigue “trabajando” y encima logra que con su acto, tipo canciller de Haití de hacerse la víctima, meter en problemas a otros que lo único que hacen es trabajar arduamente para que las cosas funcionen.

Lo que está pasando en el mundo, al final, no es más que un reflejo de lo que sucede en los pequeños grupos de nuestra sociedad. Gente estúpida llamando la atención hacia hechos y situaciones que nada tienen que ver, desviando la atención de las cosas que en verdad importan, desinformando, y creando caos.

Que utópico sería pensar en un mundo donde a pesar de las personas estúpidas, cada quien recibiera lo que se mereciera en el momento justo. Y supongo que eso de “momento justo” no es igual para todos.

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