De caminatas interminables y objetos perdidos

Para evitar que el día a día acabe conmigo y los tapones me consuman como han hecho con la mayoría de las personas que viven en esta ciudad, he estado saliendo temprano del trabajo, evitando las horas realmente complicadas, para salir a caminar al parque cerca de la casa donde me estoy quedando estos meses (al menos hasta que defina qué será de mi). Es bastante relajante porque uno tres cosas que me encantan: primero, el parque… un lugar verde, de arboles, con caminos extensos, bancos, flores, gente que pasea, practica deportes o hace ejercicios, etc… segundo, la música que puedo escuchar gracias a mi celular, y tercero, caminar. 

No sólo es el hecho de hacer ejercicios, sino también de despejar la mente y alejar mis ojos de una pantalla o de la tensión que sufre mi cuerpo cuando estoy manejando (más en esta ciudad del caos). Hoy mi momento de paz se vio interrumpido gracias a mi descuido. Por segunda vez me llevé mi cédula en los bolsillos, por aquello de si tenía que salir a otro lado antes de regresar a la casa después de caminar en el parque. Lo peor de ello fue el colocar mi documento de identidad en el mismo bolsillo en que pongo mi celular. El cual si me vibra lo saco, si me encuentro con una escena bonita para una foto lo saco… y así.

Sucede que llevaba conmigo mi licencia de conducir, así que cuando sacaba el celular y tenía duda de si se me había caído alguno de los documentos, tentaba el bolsillo, y como sentía el plástico rectangular, seguía como si nada. Nada como llegar a la casa tras una de esas terapéuticas caminatas, vaciar los bolsillos y notar que está todo menos la cédula. Primero me dio una sensación de incredulidad, luego el pánico se apoderó de mi. No lo pensé dos veces, y tras haberme puesto las sandalias, tomé el celular y salí a recorrer la misma ruta que había hecho anteriormente sin dejar de mirar al suelo. Muy divertido todo cuanto había caminado por una hora…

Lo más interesante de todo fue que tras haberme hartado de caminar y mirar hacia abajo, procurando incluso las orillas llenas de hojas y ramas, empezó a oscurecer. Una chica que paseaba a su perra, Debbie, me dijo que fuera la destacamento a reportarla, dado que generalmente allá solían llegar las cosas perdidas. Pregunté a como cuatro personas más, cuando estaba mucho más oscuro y los pies estaban a punto de rendirse, me encontré con un señor que me dijo que el destacamento estaba del otro lado, y que fuera al camino de afuera del parque y notificara a uno de los policías. Cuando me acerco al policía (que estaba hablando por teléfono) le explico la situación, me mira con cara de “bueeeh” y me dice que vaya al destacamento, cuando le dije que iba a pie me dijo: pero usted está caminando? Eso es lejos…Me quedé like… ¿me veo como alguien que estuviera montada right now? Me puse a caminar en dirección contraria entonces, a lo que él se aseguró de que iba a buscar por esa zona por si la veía.

Aquí el cansancio, el pique, la impotencia y todo se me revoloteó. A esa hora debía estar camino a reunirme con un amigo, para hacer una diligencia y luego llegar a casa de otra amiga para ver juntas The Flash como todos los martes desde que ya no tengo clases. La noche terminó de caer y cuando estaba a punto de llorar me encontré con unos militares que no sabían donde estaba el destacamento, tuvo un policía que acercarse y explicarme. Lo interesante es que el quería que yo fuera a preguntarle a dos policías de la ruta de donde venía… lo mira con cara: are you kidding me?

Finalmente llegué al destacamento, y me recibieron tres oficiales sentados haciendo cuento y relajando con un hombre moreno. Les explico la situación y me dicen que nadie ha llevado ninguna cédula, los mire con cara de “¡mierda!”, y en vez de decirme cosas que puedan alentarme empezaron: usted anda sola? donde vive? tiene que tener cuidado con ese celular -lo tenía en el bolsillo pero como llevaba el cover se notaba- que los asesinos lo ven de lejos… parecían esos niños del barrio que ven a una niña nueva y en vez hacer que se sienta segura empiezan a asustarla con sus comentarios sobre todo lo malo que puede pasar. Muy gracioso fue para ellos que mientras un chico muy amable registraba mi denuncia me llaman diciendo que la encontraron, al parecer no saben la diferencia entre una licencia de conducir y cédula de identidad. Cuando terminé de registrar la denuncia era hora de regresar a la casa. Y de cuatro policías que estaban haciendo absolutamente nada no hubo uno que dijera: déjeme acompañarla al semáforo señorita… o permitame que le alumbraremos el camino hasta que salga a la calle… no… simplemente me miraron caminar muertos de risa probablemente pensando en todos los peligros que podía encontrarme al atravesar esa parte del parque totalmente oscura hasta llegar a la calle.

Cuando venía caminando encontré una rama un poco dura, la tomé en mano y empecé a llorar del pique. Pique conmigo misma por haber sido tan descuidada, pique con las autoridades de este país… como si todo eso fuera un proceso más…y pique con esta ciudad y sus habitantes tan poco atentos y con carencia del buen servir.

Mañana volveré al parque para preguntar una vez más si alguien la ha encontrado, de lo contrario me tocará llegar un poco más tarde al trabajo para realizar el trámite de sacar la cédula una vez más. Ya me advirtieron que ahí se pierde medio día…

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