Capítulo XXV

Ángel decidió hablarle de las ánimas, de las razones que lo habían llevado a sucumbir ante su puerta bañado en sudor. Faith tenía que saber a qué se enfrentaba. Y es que era más fácil que un hacer perder a un soldado desprevenido, que a uno atento a la situación, o eso escuchaba decir.

– ¿Estás hablando en serio?- preguntó un poco desconcertada cuando Ángel terminó su relato omitiendo claro, algunos detalles.

– ¿Entiendes ahora porqué debes quedarte en tu casa?- le dijo mirándola fijamente a los ojos.

– ¡Pero eso es imposible! Las ánimas estaban para ayudar- exclamó sin hacer caso al comentario de Ángel- ¿Por eso estás detrás de ellas?- pregunta un poco pensativa, como analizando la situación- ¿Acaso crees que ellas tengan que ver con eso?- señalando a dos mujeres quienes se agredían físicamente una a la otra en medio de la calle.

– No lo dudo- contestó él con el ceño fruncido.

-¿Cómo es que sabes tanto de estas cosas?- de repente Faith lo miraba con una sombra en su rostro, como si desconfiara.

– Pues… por los libros claro, he tenido mucho tiempo libre ultimamente- contestó un poco nervioso.
De repente Angel notó que el ambiente a su alrededor había cambiado radicalmente. Una sensación de peligro lo inundo, y por instinto tomó a Faith del brazo, haciendo que se colocara detrás de ella. Al observar a su alrededor notó como un sin número de personas empezaban a acercarse a su posición lentamente con la mirada perdida, caminando como zombies. Una suave neblina comenzó a esparcirse sobre las calles, y la tensión empezó a aumentar lentamente.

Faith observaba a su alrededor atenta, ¿acaso su mente le estaba jugando una mala broma? De pronto, ella y Ángel parecían ser el centro de atención de todos. No le agradaba la forma en que la miraban, como si en sus metes se estuvieran formando las más crueles de las muertes para ellos.

– No te asustes- escuchó que le susurraba Ángel con la mirada al frente- si notan temor en ti, acabaran contigo.
-¡Ja! Que buen chiste- rió nerviosa- ¿cómo quieres que esté tranquila cuando parece que quieren matarnos?- decía observando a las personas que seguían acercándose.
– ¿Parece? ¿Acaso lo dudas?- preguntó sereno, por lo que Faith lo miró más asustada aún.

Ciertamente ni él sabía cómo salir de aquello y se sentía culpable por Faith, por haber permitido que lo siguiera y se expusiera a semejante peligro. Las ánimas los observaban atentos, calculadoras como queriendo adivinar sus movimientos, se hacían señas entre sí y avanzaban lentamente hacia ellos.

Ángel se daba cuenta de esto y no lograba entender por qué lo hacían, ¿por qué comportarse de esa forma tan extraña? Una vez más no tuvo que esperar demasiado para encontrar la respuesta.

Faith empezó a sentirse realmente mal, un terrible dolor atacaba su pecho, apenas si podía respirar y con cada intento era como si el aire terminara de escapársele, era como si una enorme grieta estuviera abriéndose en el centro de su ser. Entonces, Ángel la sintió. Ella con su vestido blanco y esa cicatriz tan macabra que le cruzaba el rostro, aquella niña de largas melenas había salido del grupo dando un paso al frente. La razón de todo aquel alboroto, la “hiena”. Y él se sorprendió por no haberlo notado antes.

Sabía exactamente qué hacer en ese caso, el problema era ¿cómo matar a algo que ya estaba muerto? La única manera era concentrarse en pensamientos positivos, por muy cursi y trillado que aquello le pareciera. La hiena se encargaba de revivir los recuerdos más temibles y oscuros de las personas, por lo que enfrentarla con pensamientos positivos la alejaban para no volver nunca. Personas como él o como Faith eran su más exquisito manjar, pues no era necesario recurrir a un gran esfuerzo para sacar a la luz sus más oscuros temores.

-Tienes que pensar en cosas positivas- le gritaba Ángel a Faith sosteniéndola fuertemente de los hombros para evitar que se desplomara.
– ¿Positivos? ¿Ha habido algo de positivo en mi vida?- decía con la voz entrecortada y una sonrisa nerviosa, sintiendo que con cada sílaba el aire se le escapaba
– ¡Tiene que haber algo! ¡Piensa! ¡Recuerda!- le exigió él, mientras que por su parte trataba de concentrarse en algo bueno que le hubiera pasado a él… no era nada fácil la verdad.
-No…puedo…- Faith empezaba a desplomarse, la sonrisa nerviosa cambió a una mueca de dolor, mientras que sus ojos se llenaban de temor y pánico dejando salir algunas lágrimas.
-Vamos, si yo puedo, ¡tú también!- esta vez en su voz resaltaba la angustia que le provocaba verla en ese estado. Mientras, la hiena los observaba curiosa, pasiva.
-No…yo no…- se estaba quedando sin fuerzas, se sentó de rodillas. Ángel seguía sosteniéndola de los hombros y se colocó a su altura hincándose para evitar que se hiciera algún tipo de daño.
La miraba fijamente a los ojos, perdiéndose en sus recuerdos, en esos pocos días que habían vivido juntos…los únicos días con valor que había tenido desde más de dos siglos. Esa era su arma, las memorias al lado de ella, eso era lo que lo hacía ser más fuerte.

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