A last week of my favorite winter

Estoy una semana atrasa con este último capítulo de mi vida en New York. Pero han sido unos días muy agitados, lo que suele suceder cuando duras un mes fuera de tu casa. En fin, aquí les dejo mis últimos días en la gran manzana.

Después de llegar el domingo a las 10:30 de la noche a casa, sólo quería pasarme los próximos tres días durmiendo. La semana de por sí había sido bastante agitada y un viaje de cinco horas a Boston no era la solución idónea para descansar, pero vaya que fue divertido. El lunes por suerte era día de fiesta, día de Martin Luther King Jr. para ser más específicos. Así que no había clases o trabajo. Aunque aún a pesar de poder levantarme bien tarde, a las 10:00 am ya está fuera de la cama buscando qué desayunar. Mi prima había salido, por lo que me tiré en el sofá a ver televisión, y pasadas dos horas me quedé dormida de nuevo. 

Por ello, al despertarme y ver un mensaje de mi prima que decía que pasaría por mi para ir a ver a una tía a Long Island, me levante corriendo, dado que estaba tarde. Me bañe y cambié lo más rápido posible, y de hecho, no estaba segura si tenía todo lo que necesitaba, pero en el apuro salí con lo primero que encontré, cerré la puerta con un seguro y me monté el vehículo donde me estaban esperando mis primas. El camino a Long Island fue animado, 5 mujeres y una niña, todas participando de la conversación.

Al llegar nos recibieron con la comida hecha, lo cual para mi fue como ver el cielo dado que solo había desayunado y tenía hambre. Duramos un rato charlando y compartiendo y luego regresamos a casa no sin antes pasar por Wall Mark para realizar la compra quincenal. Los siguientes días fueron más tranquilos.

Llegué con tranquilidad a mi clase y al salir pasé a recoger una llave. El plan del día era ir a patinar sobre hielo al Central Park con mis amigos. Al grupo se nos sumó Luba, la chica rusa que había conocido en el viaje a Boston. Pero la pista de hielo del Central Park la cerraban a las 2 de la tarde, así que cambiamos para ir al Bryan Park después de las 5. Pero como yo estaba a una hora en tren, lo que hice fue quedarme en casa de mi amigo mientras el trabajaba -por eso pasé a buscar la llave-. Al llegar, como tenía comida hecha por mi tía, la calenté, comí, encendí la televisión, me recosté en el sofá y me dormí.

Las cinco llegaron rápido. Como habíamos quedado en reunirnos en el apartamento tanto el dueño como otro de nuestros amigos llegaron allá. Al salir, como ambos tenían hambre, fuimos por una pizza al estilo New York, de esas de un pedazo a 2 o 5 dólares dependiendo el ingrediente. De ahí tomamos el tren al Bryan Park, donde encontramos a Luba que ya estaba patinando. Tras dar algunas 3 o 4 vueltas a la pista, en la que Luba me servía de profesora y me caí dos veces, mientras los demás nunca dejaron la barra, y cuando llegaron otros dos amigos míos, decidimos ir a cenar.

Claro que como es normal en un grupo de seis personas la decisión de dónde comer se toma en un tiempo de 20 a 40 minutos. Finalmente llegamos a Shake Shack, donde tras unos minutos conseguimos una mesa y mucho después de terminar de comer nos quedamos charlando, hasta que alguien pasó y limpió nuestras bandejas, mientras otros clientes que estaban de pie nos miraban con cara de malos amigos.

Terminamos la juntadera caminando por Times Square, tomando un selfie con unos extraños que se metieron en la foto, y haciendo cuentos. Al siguiente día, nos llamaron a todos los que nos ibamos esa semana de la escuela, nos dieron galletas y nos hicieron hacer una prueba sobre nuestros profesores y la escuela en general. Fue el primer momento cuando sentí: rayos, pero en verdad ya me voy de aquí. Me dieron ganas de quedarme y extender mi curso por más tiempo. Al salir de clases, caminé por el lado este del Central Park, llegué hasta el Upper East Side, reconocido por ser una localidad de gente rica, y aunque ciertamente los edificios se veían distintos y estaba todo como que más limpio, no encontré una mayor diferencia al West Side.  Luego de durar unos minutos sentada en un banco, hice una llamada, y como tenía los audífonos puestos, caminaba y hablaba y parecía como si estuviera hablando sola. Ahí entendí a mucha gente a la que había visto hacer lo mismo. Hablando por teléfono llegué caminando hasta la 42 sth, donde entré a una tienda para comprar el regalo de cumpleaños de mi prima. Cuando salí, me despedí de la llamada y entre al metro para regresar a casa.

Al llegar, comí, fui a la lavandería para no regresar con ropa sucia a mi país y compré unos chocolates para algunos amigos. El jueves fue un día lleno de emociones. En la clase nos pusieron una canción en nuestra práctica del listening, y luego, al salir me reuní con mi mejor amigo a quien sería la última vez que vería en mucho mucho tiempo. Me acompaño a comprar un sombrero que me había encargado mi padre, y luego fuimos a comer. Por primera vez pude comer carne roja de esa de restaurantes, tenía antojo y encontramos un sitio que tenía un especial (porque suele ser un poco cara dependiendo lo que pidas). Después fuimos a un sitio para que imprimiera su ticket de autobus, y tras guiarnos por google maps, llegamos sin problemas. Finalmente fue la hora de despedirnos y tras un largo abrazo, cada quién tomó una dirección distinta. 

Llegué a la casa directa a bañarme y cambiarme, dado que esa tarde saldríamos a cenar para celebrar el cumpleaños de mi prima. Luego de terminar de alistarnos y pasar por la casa de mi tia, llegamos a Sugar Factory. Como llegamos tarde debimos esperar a que se desocupara una mesa para 9, y aunque la espera fue larga, valió la pena. La comida estuvo muy buena, pasamos un buen rato, y compartimos en familia. Mi prima quedó satisfecha, y eso al final, era lo importante.

El viernes me despedí de mis compañeros de clase. Me entregaron mi certificado de estudios, me tomaron una foto con toga y birrete y tomé un examen. Después tomé un tren para ir a la región de Columbia donde me encontraría con otro amigo para que me prestara una maleta. Allá me dio un tour por la zona, pasamos por el parque de Sakura (flor del cerezo), que lamentablemente por ser invierno no se veía todo su esplendor. Pasamos por una iglesia, por una universidad de solo mujeres y por el campus de Columbia, que personalmente me gustó mucho más que el de Harvard. Al terminar el mini tour regresé a casa y empecé a preparar maletas.

Duré tres horas tratando de hacer que todo lo que tenía cupiera en las maletas. Finalmente me acordé de una técnica que me enseñaron cuando venía de Europa, y tras buscar unos vídeos en youtube, duré otras tres horas doblando cada pieza de ropa para hacer que se volvieron un mini cilindro. Así logré que todo cupiera sin sobrepasarme de peso. El sábado era el día de regresar a casa. Como mi vuelo no salía hasta la noche, me levanté tarde, desayuné, me tiré en el mueble, me puse a ver series, y no fue hasta después de las 3 de la tarde que me paré me bañe y me alisté. Esperé tranquila a que mi prima estuviera lista, fuimos a casa de mi tia, comí, me despedí no sin antes darle las gracias por todo, y llegué al aeropuerto.

Aquí pasé sin problemas, hice el check-in en las máquinas modernas que tienen, donde todo lo haces por ti mismo, luego entregué mi maleta, e hice mi fila kilometrar por el chequeo de seguridad. Después busqué la puerta de embarque, y cuando estuvimos listos, monté mi avión y me ubiqué en mi asiento. El vuelo fue un poco más incomodo que el de ida. La película ya la había visto, y no había otras opciones, así que leí un rato desde mi Kindle y me la pasé escuchando música y dormitando de vez en cuando. Finalmente llegué a mi país y las primeras conversaciones con mis padres las hacía en spanglish. Al otro día ya tenía ganas de regresar a la gran manzana. De hecho, aún ahora tengo ganas de regresar. Pero imagino que es que uno se acostumbra muy fácil a lo bueno.

Siempre me quedará el subway, los parques, el frío, la oportunidad de caminar por las calles sin temor a que un motor me lleve la cartera, en fin. Aún sigo amando mi país, y deseando poder desarrollarme profesionalmente aquí, al final, no tiene nada de malo. Pero si se me presenta la oportunidad de nuevo, no dudaría en regresar a la gran ciudad que por un mes me dio el mejor invierno de todos.

 

 

Si no sabes qué sucedió en Boston antes de esta last week, puedes leerlo aquí:

A trip to the clam chowder soup city

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