A week of dreams come true

Mi tercera semana en la ciudad que nunca duerme ha sido intensa. Levantarse todos los días a las 6:30 am, durar 50 minutos en un tren, caminar tres calles, tomar clases, caminar mucho más, volver a tomar el tren… así ha sido mi rutina esta semana con algunas variables interesantes. 

El domingo estuve paseando por el Brooklyn Bridge Park, donde además de pasar frío después de una hora de caminar por la orilla del East River, tomé algunas fotos con mi cámara, la de verdad no la del celular. Al otro día llegué un poco mojada a clases gracias a la lluvia que sucedió durante todo el día. En clases, durante uno de los ejercicios llegamos a la conclusión de que soy un poco ‘perfeccionista’ y ‘workaholic’. Al salir aproveché un especial que había en una tienda para comprar unas cosas que necesitaba y llegué a casa para lo que llamaría la tarde de invernar. Tanto así que mientras veía televisión terminé dormida.

A partir del martes empezaron las cosas de interés que haría de esta semana increíblemente distinta y fantástica. Como el martes amaneció totalmente despejado aproveché para dar un paseo por el Central Park, sí otra vez, pero esta vez procuré recorrer toda la zona oeste hasta el final del parque: esto son aproximadamente 60 calles hacía arriba. Mientras paseaba veía a la gente caminar, montar bicicleta, hacer ejercicio, pasear a los perros… Fue muy tranquilo y pacífico, muy a pesar de la frecuente brisa fría que castigaba mi rostro. Al salir de aquí decidí seguir caminando y llegué al River Side Park, por lo que caminé algunas 20 calles más. Al cansarme decidí tomar el tren de regreso a casa y descansar.

El miércoles cumplí mi segundo objetivo de la semana, lavé la ropa y en la noche fui a un bar/restaurante con música en vivo, donde uno de los profesores de la escuela se presentaban con su banda de rock gratuitamente. Al llegar sólo identifiqué a dos conocidos, pero estaba tímida y sin ubicarme, así que me senté en el bar como hacen en las películas, pedí una bebida -en mi caso refresco de soda-, y estuve atenta a la banda. De repente una chica de pie a mi lado me saludó y entablamos conversación, ella, su novio y yo. Resultó ser que su pareja era descendiente de dominicanos, específicamente la ciudad de Mao, y que encima era el primo del profesor que tocaba. Duramos un rato charlando hasta que me puse de pie para tomarle una foto a la banda, un chico alto, fuerte y moreno me hizo un chiste porque por algún malentendido pensó que lo miré como si fuera a golpearlo y luego me acerqué a la mesa donde estaban algunos de los estudiantes que había visto en la escuela pero no estaban en mi clase, me presenté, me ofrecieron un lugar en la mesa y a partir de aquí estuvimos charlando y relajando.

Coreanos, turcos, peruanas, venezolanas y brasileñas formaban el grupo con el que al final me tomé una foto. Cuando rozaban las 9:30 decidí regresar a casa. A pesar de acostarme relativamente temprano, al otro llegué mucho más tarde de lo que jamás hubiera querido. Primero, desperté varias veces durante la noche, luego mi prima se levantó más tarde de la cuenta, lo cual atrasó el proceso del uso del baño, y como vi que ya llegaría tarde y amanecí adolorida, gracias a las molestias que las mujeres pasamos cada cierta época del mes, decidí mantenerme acostada un poco más y calculé el tiempo para llegar máximo 40 minutos más tarde.

Al entrar a la clase el profesor estaba a mitad de la explicación y sentí mucha pena por ser la única en llegar tarde e interrumpir. Sin embargo, como el tema me lo medio sabía no me costó tiempo en participar activamente. Durante le receso me topé con mi otra profesora y me dio un poco de pena con ella dado que me había dicho que extrañaba tenerme en su clase. A veces me pregunto si tomé la decisión correcta al realizar el cambio, y ciertamente, ultimamente dudo más de lo que quisiera sobre las opciones que tomo. Eso ha aumentado mucho más después de llegar a este país donde para todo hay más de tres opciones: cuando compras shampoo, cuando quieres salir, cuando tienes hambre…

Ese día, jueves, cumplí con mi segunda y más importante misión de la semana. Al salir de clases regresé a Disneyland -véase las oficinas de Google– para comer con mis amigos, y fue agradable que mientras hacía la fila para el bufet uno de los cocineros halagara el vestido que llevaba puesto. Cuando comimos, reposamos un poco en el área de juegos y luego dejamos a mi amigo trabajar y llegamos al Chelsea Market, un sitio donde la arquitectura y el concepto es bastante interesante. Al terminar de recorrer el lugar, terminamos en High Line Park, un parque creado sobre los rieles de un antiguo tren. Terminamos caminando 1.45 millas, de punta a punta. Empezamos en la calle 14 y terminamos en la 34. Al salir del parque y dirigirnos a Times Square, nos topamos con otro sitio que considero Disneyland: B&H Photo Video, una tienda donde las cámaras son las protagonistas. Duré un rato jugando con mis próximos prospectos y viendo accesorios, aún sabiendo que no podía comprar nada.

Finalmente llegamos a Times Square y compramos boletas para ver ‘El Fantasma de la Opera’ en Broadway. Como teníamos tiempo antes de la obra nos reunimos con un amigo, al cual tenía más de tres años sin ver, cenamos juntos y nos pusimos al día. Al pagar la cuenta llegamos a Broadway. El teatro estaba abarrotado de personas, y como era temprano aún no habían abierto las puertas de la sala. Al entrar y ubicar nuestros asientos notamos que estábamos en un buen lugar. El espectáculo comenzó, y contrario a algunos comentarios de conocidos, en ningún momento me aburrí o me dormí. Broadway simplemente fue maravilloso. La orquesta frente al escenario, las actuaciones, las canciones, los efectos especiales, el cambio de escenografía, los bailes… definitivamente lo vale. Como salimos tarde, 10:30 aproximadamente, me tocó tomar el tren en ‘late hour’, por lo que me tocó el tren local, lo que implicaba algunas 10 paradas más además de las que suelo tomar así que llegué un poco más tarde lo que esperaba… bueno, llegué a la media noche.

El viernes empezó con la culminación de un libro que estuve leyendo desde septiembre, una película que no vi en la clase -era de horror y preferí abstenerme-, el reencuentro con otro amigo y su esposa en el Central Park, el regreso al Times Square y a Google -si, ya he ido tres veces, ya siento que vivo ahí… – y finalmente llegar a casa para preparar el bulto para un fin de semana de aventuras en otra ciudad. Claro que implica madrugar, y sumarle más horas de cansancio a las que ya llevo, pero al menos el lunes es día de fiesta y espero poder dormir hasta tarde.

Así que, so far, esta semana ha sido genialosa. Buena compañía, buenos reencuentros y metas cumplidas. Lo que me lleva a que todavía no estoy acostumbrada a que el peso pase tan rápido, al pensar que ya estamos a 16 de enero del 2015, y que en un abrir y cerrar de ojos ya será febrero otra vez.

 

Si esta es la primera parte que lees de esta historia, puedes ver qué ocurrió semanas atrás en:

‘A week of changes’

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