A week of changes

Esta última semana en NY ha sido fría. De ese frío que está bajo 0 grados y cuando revisas la temperatura te dice: “-6 feels like -14”. De ese frío que te congela las manos a pocos segundos de salir a la calle sin guantes, y los pies si no tienes los zapatos adecuados. Ese frío que hace que el agua se congele y llueva nieve. 

Mi fin de semana pasado fue tranquilo. El sábado ni siquiera salí de la casa, y estuvimos viendo series y películas. Oportunidad perfecta para empezar a ver la famosa ‘Orange is the New Black’ de la que todos hablan. El domingo fue un día de hacer diligencias, lavar la ropa y hacer la compra basicamente. El lunes fue mi última clase en horario de tarde, en la que terminamos de ver una película y dimos un poco de pronunciación. En palabras de mi profesor, el idioma inglés es “estúpido”, porque para un mismo sonido tienes varias maneras de escribirlo, y nada suena como lo escribes… o bueno, casi nada.

Para el segundo día empezó mi rutina de madrugada. Poner la alarma a las 6:25 am, acostarme antes de las 12, levantarme, hacer una rutina rápida de ejercicios, esperar a que el baño quede libre, tomar una ducha, preparar un waffle rápido, comerlo, vestirme, salir hasta la parada, tomar el tren, avanzar en la lectura del libro, llegar a la parada, salir, caminar hasta la escuela y entrar a clases.

Claro que el primer día fue un poco frustrante dado que después de haber estado en el aula y empezar la asignación del día y que me quedará tipo: me agrada este profesor y cómo da la clase, me llaman para decirme que hubo un error y que tienen que cambiarme de aula. Al final fue otra semana irregular, dado que los siguientes dos días estuvimos con una sustituta, y el jueves fue que llegó nuestra profesora de vacaciones y el viernes gracias a la mini tormenta de nieve que hubo en la mañana llegó a la hora del break, por lo que tuvieron que cambiarnos de aula y ponernos con otro profesor (que por cierto, ya conocía) y vimos un documental acerca de como los Estados Unidos es el país más violento y desgraciado del mundo. Nada nuevo la verdad.

El martes tras salir de clases comí en un ‘dinner’, me perdí, caminé entre la nieve, tomé fotos, me reuní con un amigo, fuimos a la biblioteca pública y compré algunos suéteres para los días fríos. También fue al ‘bar night’ de la escuela, y aunque llegué súper tarde al punto de reunión, recordé como llegar al bar donde esta vez había el doble de personas que la vez pasada, muchos brasileños y muchos asiáticos.

El miércoles sucedió la tragedia de Charlie Hebdo en Paris, Francia. Antes de salir de casa una amiga me escribía por gtalk enviándome un link con la noticia. Este hecho me recordó mucho a la tragedia de Toulouse y de alguna manera veía a los atacantes muertos tarde o temprano como pasó con aquel hombre. Cosas así te hacen pensar en lo mal que está el mundo, sin embargo, al final del día apenas recordaba lo sucedido y seguía mi vida como si nada. Lo que me lleva a preguntarme ¿qué más se puede hacer?

Al salir de clase regresé temprano a casa, comí la maravillosa comida de mi tía y tomé una siesta luego de hacer mi tarea. El jueves fue lo mismo, sin muchos cambios. El viernes después de clases me quedé un rato más en la escuela y comí allá. Luego me reuní con un amigo y fuimos al Rockefeller Center, a la tienda de Lego y Nintendo. Boté mis guantes sin querer, jugué un rato en el wii u de la tienda de Nintendo y luego fuimos al MOMA. Como era viernes después de las 4:00, había una cantidad exagerada de personas por aquello del ‘Free Friday Night’. Así que aunque entramos gratis, no disfrutamos verdaderamente.

Mi viernes terminó llegando a la mejor empresa del mundo. O bueno, a una de las mejores, Google. Aquí me reuní con otro amigo, y dimos un tour por las instalaciones. Me dieron ganas de quedarme a vivir en el edificio. Me sentí como una niña en el mundo de Disney. Al salir terminamos yendo a un restaurant a cenar, Olive Garden, donde la ensalada y el pan es ilimitado y gratis, pero claro, para recibirlo debes pedir un plato. Mi recomendación para quienes no hayan ido: pidan entradas o aperitivos, al menos que el plato grande lo vayan a compartir entre dos o seas una persona de mucho, mucho comer.

La segunda semana culminó con un ‘brunch’, una visita al hospital el sábado y otra maraton de Orange is the new black con mis primas.

Increíblemente ya solo me quedan 14 días en esta tierra de sueños, de hielo y de ‘subways’. Que muy a pesar del frío tiene sus encantos.

 

 

 

Para la primera semana de esta historia:

A cold winter far away from home

 

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