Una aventura Pura Vida y un reencuentro masteriano

Hace tres meses, para mis vacaciones laborales hice un viaje que estuve planeando desde hacía un año. Con la meta de conocer un punto distinto del mundo compré mi ticket hacia las montañosas tierras de Costa Rica. Acá les dejo mis crónicas de siete días de Pura Vida.

Tengo como 14 días atrasada con esta historia, pero espero entiendan lo siguiente: Primero no tenía laptop, y ya era muy complicado escribir correos desde el celular; Segundo al regresar mi mente estaba muy aerea además de que esa misma semana tenía trabajo y empezarían las clases, y tenía que organizar muchas cosas…etc…en fin, no ha sido hasta ahora que he podido sentarme a relatarles qué tal mi viaje por uno de los países de Centroamérica.

Empecemos con que es la primera vez que visito un lugar de América Latina fuera de la República Dominicana, por lo que representaba toda una aventura para mi. Por otro lado era la oportunidad perfecta para reencontrarme con mi compañera de viajes por Europa, y una de las protagonistas de mis historias por allá, Tracy. Así que el título de este diario de viaje es: Una aventura Pura Vida y un reencuentro masteriano. Empecemos:

  De madrugadas, alemanes y calles de una vía

El lunes basicamente no dormí. Mi vuelo tenía como hora las 3:30 am, lo que implicaba estar en el aeropuerto a más tardar a la 1:00 am. El chequeo fue rápido y sin problemas, la maravilla de viajar con una mochila y una maleta pequeña. En la espera puse de testigos a mis seguidores de Instagram, que obviamente no iban a ver las fotos hasta que saliera el sol y un poco más allá, pero algo había que hacer. A la puerta de embarque empezaron a llegar los turistas, y al llegar el avión que venía de Alemania terminó por llenarse. Mochileros, hombres de negocios, familias, amigos, grupos cristianos, y uno que otro dominicano abordamos el vuelo de Condor con dibujos de animales en ambos lados del avión. Al parecer seguía el espíritu del Mundial 2014.

La primera maravilla fue al montarme en el avión, además de que tenía asientos cómodos, las pantallas eran individuales (una por cada asiento), me tocó la ventanilla y nadie a mi lado por lo que pude hacer uso de dos asientos para mi solita. Fue un vuelo tranquilo, donde la película que puse terminó viéndome a mi, y las azafatas parecían modelos sacadas de revistas, sin contar con que todo estaba en inglés y alemán.

Nuestro vuelo al país más feliz del mundo llegó antes de la hora, y así de fácil como entré al avión, así de fácil salí del aeropuerto. Como no tenía manera de comunicarme con Tracy, dado que no había internet disponible para el área donde estaba, y sabía que llegaría unos minutos más tarde, me detuve en la casilla de cambio para cambiar unos dólares, a la moneda oficial: Colón, unas papeletas que parecen de mentira, pero el número más bajito es de 5000 (para que tengan una idea, 1 dólar son 500 colones).

En fin, que al salir me encontré con los taxistas acosadores locos por querer engañarme y robarme (si, tienen fama de eso allá), así que esperé un rato y faltó mucho para reconocer esa carita en el asiento de copiloto de aquel carro azul. Ciertamente nuestro reencuentro fue menos dramático de lo esperado, dado que estaban mal estacionados y apenas nos dimos un abrazo rápido cuando ya tenía la maleta en el baúl y estaba montada en el asiento trasero.

Así conocí a don Jorge, padre de mi amiga y como todo padre, súper preocupado por todo. Con ellos di mi primer mini recorrido por la tierra de la pura vida. Lo primero que noté es que en todos lados hay árboles frondosos y verdes, y bellos. Luego, que a las 5:40 am hay demasiada gente en la calle, lo siguiente fue que hay muchísimas calles peatonales en el centro, y que la gente maneja tan mal como aquí, quizás un poco menos. Luego de llegar a mi hostal (que aún no entiendo por qué está tan escondido en el mundo), salimos a desayunar…una odisea tratar de encontrar un lugar de comida abierto antes de las 7:30 am.

Cuando todos se fueron a sus respectivos trabajos, regresé al hostal para darme un baño y dejarle saber al mundo que estaba viva, no me habían robado en el camino y el avión no se había caído. Una vez concluida esta importante misión, me dirigí a conocer a San José, al cual de paso le dio por llover (gracias invierno, gracias).

Lo siguiente que noté en mi paseo por la ciudad es la cantidad de calles de una sola vía. De hecho, en todo San José, o por lo menos la parte que conocí no vi una calle o avenida de dos vías, incluso aquellas avenidas de hasta 4 carriles tenían una sola vía. Quedé en shock. Lo siguiente es que es caro, bastante. Conocí el Teatro Nacional más bello que haya visto, pequeño, pero con unos detalles sencillamente maravillosos. Al entrar a la sala principal, me senté un momento en uno de los asientos forrados con una tela roja y me imaginé estando en una de esas obras de antaño, donde todos iban de traje y las mujeres andaban con abanicos de mano…muy lindo todo.

Al salir entre a un Taco Bell, y otra sorpresa fue notar el menú tan nacionalizado. Si, tienen tortillas, chalupas, burritos, tacos…pero también tenían cosas que en mi vida había escuchado o burritos con condimentos específicos de allá. Seguí mi paseo y llegué a un barrio chino inesperado, pasé por una feria de artesanía donde todo decía Pura Vida o Costa Rica, caminé por algunos parques, tome fotos… en fin, hice un recorrido bastante amplio en mi opinión, y eso que entré a un museo y todo. En la tarde me reuní con Tracy y fuimos a tomarnos una piña colada a un restaurante que me pareció una maravilla, de ahí me llevó a comer comida típica a un sitio bastante pintoresco.

Mientras cenaba me llegó una mala noticia, el padre de un amigo había muerto, y eso como que me medio deprimió un poco, además de que no podía hacer nada, y ni siquiera podría verlo o darle mi apoyo en persona. Al finalizar la cena (que conste que eran las 7 de la noche y parecía las 10pm, si allá es de noche desde las 5 de la tarde, lo cual explica por qué la gente madruga tanto) regresamos al hostal, ella se fue con su padre que pasó por nosotras y yo me fuí a conectar para ver como estaba el mundo que había dejado y ya para las 9 de la noche estaba en mi cama, en un cuarto compartido con otras extrañas – que por cierto, ninguna hablaba español-.

Así fue mi llegada, y todavía me quedaban seis por delante para disfrutar y conocer.

Pura Vida, Costa Rica

Continuará…

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