Capítulo XXIII

Se apresuró en quitar las cosas de encima del sofá, cojines, revistas, notas, una bolsa de patatas vacía… Regresó angustiada a la puerta, donde basicamente se lo tiró encima y con un poco de esfuerzo lo arrastró hasta el mueble donde lo ayudó a recostarse. Se incorporó dando un respiro hondo, como volver su ritmo cardiaco a la normalidad y mientras se cruzaba de braso se le quedó observando por unos minutos. Su estado era perturbador. Vio alrededor, y notó que había dejado la puerta entreabierta, por lo que regresó a cerrarla. Luego entró al pasillo y tras sacar unas sábanas de un armario, regresó para cubrirlo del frío. Una vez se aseguró de que estaba bien cubierto, se arrodilló a su lado, para observarlo mejor.

–       ¿Qué te ocurrió?- preguntó angustiada mientras dudaba de si debía o no tocar su frente.

–       No…- apenas podía hablar. Sentía mucho frío y el dolor aún era muy fuerte.

–       No…no hables. Luego me contarás lo que pasó. Necesitas ir a un hospital- decía poniéndose de pie para ir por el teléfono y llamar a la ambulancia pero él la detuvo al momento  sosteniéndole la mano.

–       No. Estaré bien. Ya se me pasará. No llames a nadie…- respiró hondo. Sentía que le faltaba el aire- no podría…explicarlo…-terminó diciendo con voz ronca. Faith lo observó.

 

¿Estaba loco? Claro que necesitaba ir al hospital. Cualquiera en ese estado necesitaba de un médico. Pero, algo que le decía que tenía razón, ¿cómo podía explicarlo, cómo explicar esa condición? ¿Dónde rayos se había metido? ¿Qué demonios le había sucedido para estar así?

 

Ángel la soltó, apenas tenía fuerzas para levantar el brazo y tan siquiera podía explicarse cómo se había hecho para llegar hasta allí. Faith desistió de la idea de llamar a un doctor. Se quitó la chaqueta y se sentó a su lado sobre la mesita de madera frente al sofá. Con algo de pena alargó la mano para cubrirrlo bien con las sábanas hasta que observándolo finalemente se decidió a tocar su rostro. Estaba empapado de sudor y ardiendo en fiebre al mismo tiempo. Eso la asustó. Le apartó un mechon de pelo que caía sobre su frente al tiempo en que acariciaba una de sus mejillas con suma ternura.

 

Todavía no podía comprender qué le sucedía. ¿Qué era lo que le causaba esa sensación cuando estaba cerca de él? Ángel, por su lado, sentía esas suaves manos sobre su rostro. Era extraño, pero placentero. Como si aquella muestra de aprecio lograra apaciguar un poco el inmenso dolor que sentía. Sus manos tibias y suaves acariciando su rostro, cerró los ojos, al hacerlo Faith se acercó temiendo que se hubiera desmayado. Pero al estar lo suficientemente cerca, él volvió a abrirlos. Su mirada era borrosa, pero no tenía dudas de que la sombra frente a él era lo más hermoso que había visto.

 

Faith se sintió entonces como si la hubieran atrapado en medio de una travesura. Pero aún no entendía porqué se sentía así. Acarició su rostro una vez más, sorprendiéndose al sentir como la calentura disminuía de a poco. Él la miraba fijamente a los ojos, de una manera que sentía que la desnudaba con la mirada.

 

Se apartó de pronto algo asustada. La única vez que se había sentido así frente a alguien, sus amigas yacían muertas en la habitación continua. Pensar en eso no era nada agradable.

 

Ángel al notar su brusco alejamiento, volvió a cerrar los ojos. Respiró hondo. En el aire aún yacía su aroma, eso lo llenaba le provocaba una ola de emociones. El dolor seguía disminuyendo. Aún faltaban algunas horas para el amanecer. Faith comenzó a sentirse ansiosa y estuvo andando por la casa de una habitación a otra, moviendo cosas sin sentido, abriendo la nevera, cerrandola sin sacar nada… Había un “extraño” en su casa, una persona que se estaba convirtiendo en alguien importante en su vida, y eso hasta cierto punto la asustaba. Sin embargo, empezaba a sentir que ella era igual de importante para él, sino, por qué no había recurrido a otra persona. Quizás era que así como ella, él no tenía a nadie más a quien recurrir.

 

¿Quién era, porqué atacarlo de esa manera? Acaso era otra alma en pena buscando satisfacer su dolor. ¿Por qué lo enviaba al único lugar donde podía ir? ¿Cómo es que ella lo sabía? ¿Acaso al adentrarse en su alma, podía verlo? ¿Por qué enviarlo a su única salvación? Ángel no dejaba de hacerse estas preguntas.

 

–       Necesitan ganar puntos para llegar al cielo, es por eso que muchas se pasean por la tierra, ayudando a otros- esas palabras de repente resonaron en su cabeza.

 

Abrió los ojos como notando algo que no había visto antes, pero estaba justo frente a sus ojos. ¿Por qué hacerlo sufrir de esa forma? Sintió que Faith volvía a sentarse a su lado, aunque esta vez un poco más lejos, en la butaca ubicada a su diagonal. Sin pensarlovolvió a tomar su mano, para de alguna forma evitar que volviera a alejarse, ella se sorprendió ante esta reacción. Pero se sorprendió más al escucharlo hablar entre delirios de fiebre.

 

–       No te vayas…no te alejes- murmuraba con voz ronca- Te necesito- su voz se fue apagando, hasta aparentemente quedar dormido.

 

Faith se quedó observándolo. No podía creer lo que acababa de escuchar. Desde el momento en que se conocieron pensaba que si alguien necesitaba de alguien, era ella de él. De él o de cualquiera que la ayudara a superar las perdidas. Pero ahora ante sus ojos se revelaba una nueva posibilidad. Tal vez, quien necesitaba a alguien en esos momentos era él. A lo mejor, el más necesitado de los dos era él. No ella, como lo había pensado. Y un nuevo sentimiento la invadió. Ahora se compadecía de él.

 

 

 

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