Capítulo XXII

Las ánimas. Hacia apenas unos días que habían tenido aquella conversación sobre esos seres, y Ángel seguía preocupado por ello. Esa noche, luego de dejar a Faith en su casa, se dirigió al cementerio. Tenía preguntas que contestar y las ánimas eran la respuesta.

La noche estaba especialmente oscura acompañada de un aire frío que helaba a cualquier humano. La mayoría de las lápidas se encontraban en malas condiciones, pues con el paso del tiempo la gente se olvida de aquellos que ya no pertenecen al mundo mortal. El pasto casi llenaba el lugar por completo.

 

Cualquiera que hubiese estado ahí aquella noche, se hubiera asustado de sobremanera al ver la sombra de Ángel caminar entre las tumbas. Sólo alguien con los nervios de acero o suficientemente loco podría estar allí a esas horas. Claro que eso para él no era un problema, dada su condición sobrenatural.

 

Ángel tenía sus cinco sentidos bien abiertos, atentos a cualquier movimiento o presencia que pudiera sentir. Hasta que de repente se quedó inmóvil con un halo de sorpresa en su mirada. Ahí estaba ella, con un vestido blanco y el cabello extremadamente largo, tapándole la mitad del rostro, dejando entre ver una horrible cicatriz que recorría toda su cara. Parecía como si acabara de hacérsela pero la conciencia le decía que eso era imposible. Las heridas parecían no molestarle como si las tuviera de toda la vida.

 

La observaba meticulosamente, cuando empezó a escuchar una canción que venía desde donde se encontraba de pie, aún cuando sus labios no producían el más mínimo sonido. Ángel se dio cuenta de que esa canción lo tenía paralizado, no podía moverse. Por más que lo intentara. Tenía la extraña sensación de que lo que ocurriría a continuación no iba  a ser nada agradable.

 

Una sonrisa se dibujó en la cara de la niña y la canción parecía ser un taladro en la cabeza Ángel: “Los muertos están vivos, los vivos están muertos”, mientras más se repetían estas palabras en su cabeza, más le dolía todo el cuerpo, al tiempo en que ella empezaba a acercarse y cientos de imágenes comenzaron a golpear sus recuerdos.

 

Una niña con una enorme herida en el pecho lo miraba con rencor. Un hombre sangraba por todo su cuerpo, a su vez reía a carcajadas. Una joven totalmente quemada a causa de un horrible incendio lloraba desesperada, personas degolladas, ahorcados… Ángel empezaba a sentir miedo y lo más extraño de todo era que, hasta ese momento, esa sensación solo la podía causar un ser en todo el planeta.

 

De un instante a otro ella se acercó a gran velocidad traspasando su cuerpo, haciéndolo sentir un intenso frío en cada uno de sus músculos. Un vacío del tamaño del sistema solar y un dolor profundo en el centro de su pecho. Ángel gritó como jamás lo había hecho, lleno de desesperación se derrumbó sobre el suelo.

 

Se sentó de pronto a causa de aquella punzada. Estaba recostada en el sofá tratando de no dormirse cuando esa sensación tan extraña la invadió. Pensó que era a causa de la soledad. Aun no se acostumbraba a permanecer sola en aquella casa, de hecho después de lo ocurrido con sus amigas, Ted siempre había permanecido con ella todas las noches. Lo extrañaba de una forma angustiante, como si en verdad estuviera muerto, y hasta cierto punto lo estaba.

 

Así sus pensamientos se dirigieron hacia las ánimas, si en verdad él estuviera muerto, estaba segura de que en esos momentos el estaría ahí, con ella. Preocupado por su bienestar, tratándola como lo que de cierta forma era, una niña perdida en medio de una catástrofe.

 

Faith se puso la chaqueta, no estaba segura de si lo que haría era correcto. Volteó la vista y vio la chaqueta de Ángel. Hacían apenas unas horas desde que él la dejaba en casa, prometiéndole volver al día siguiente. Estaba segura de que las cosas extrañas en su vida no habían terminado. Se abrochó la chaqueta dio unos pasos en círculos y se detuvo. Era ridículo. ¿Dónde lo iría a buscar sino tenía nada de él? Prácticamente no lo conocía, nunca lo había buscado, siempre llegaba solo. ¿Cómo sabía que le estaría pasando algo? Quizás se trataba de Ted o de Rocsan, de quienes no había sabido nada y aún tenía la esperanza de encontrarlos. Pero, la sensación al observar aquella chaqueta… Era arriesgado, pero tenía que salir de su casa, tomar aire. Respirar.

 

Se sentó con la chaqueta puesta. Miró alrededor deteniendo su vista en la de Angel, respiró hondo acercándose a ella. La tomó para observarla mejor. Había algo en ella que le era familiar. Pero no estaba segura de qué era. Esa textura. ¿Dónde lo había sentido antes? Empezó a recordar…

 

–       Imposible- murmuró.

 

De repente se acercó a la puerta dispuesta a salir. Al abrir dando un paso hacia fuera, quedó paralizada ante lo que veía.

 

 

 

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