Capítulo XX

Como lo veía, todo estaba de su lado. Con el Cazador muerto y Rose y Ted fuera del camino no tenía que preocuparse por revelar su identidad nunca más, o al menos eso creía. No estaba seguro de qué decirle al despertar, pero suponía que no sería tan difícil si había podido mentir tan bien hasta ese punto.

Faith había quedado totalmente sola, por ende sabía perfectamente lo que eso significaba. Y no sólo aquello le preocupaba, sino también el hecho de que si el Cazador no volvía con su amo, este iría en su búsqueda. Eso lo intranquilizaba.

Faith despertó algo aturdida en la sala de su casa, -cómo llegué aquí?- se preguntaba mirando a todos lados. Lo último que recordaba era estar sosteniendo una cruz de madera entre sus manos para evitar que su hermano le hiciera daño, pero luego todo se tornaba borroso, llegando a la conclusión de que se trataba de un mal sueño. Vio a su alrededor, ahí estaba, sentado en el otro mueble esperando a que ella despertara.

–       ¿Qué pasó?- preguntó sentándose.

–       Te desmayaste- comentó mirandola a la cara.

–       Ya. Solo recuerdo haber visto a mi hermano… y a Rocsan… creo que debí haberlo soñado- decía mientras se ponía de pie para tomar un vaso de agua de la cocina.

Ángel se vio tentado de dejarlo así, que creyera que todo aquello había sido un simple sueño. Era lo mejor.

–       ¿Pasaste todo este tiempo aquí?- preguntó de repente un poco sorprendida.

–       Eh, si. Es que…me preocupé un poco, y no quise dejarte sola, al menos hasta que despertaras.- dijo un poco tímido.

–       Te tomas demasiadas molestias por alguien a quien apenas conoces- mirándolo fijamente.

–       Quizás, pero creo que no lo puedo evitar.- correspondiendo a su mirada.

–       Si, supongo que tienes razón.- dijo al tiempo en que sonaba el teléfono.

Para su sorpresa la voz que escuchaba era de la prima de Rocsan, pidiéndole que regresara al hospital, dado que su tía se había recuperado y quería hablar con ella.

Ángel la esperó fuera de la habitación en los pasillos del hospital, observando detenidamente el lugar dónde todo había empezado con relativa tristeza. No le importaba mucho lo que les sucediera a ellos, pero sabía que eran parte importante en la vida de Faith y eso a ella le dolía. Además, no le deseaba a nadie una vida como aquella.

Mientras seguía hundido en sus pensamientos, una enfermera pasó por su lado ayudando a una señorita a quien le costaba caminar con vendas en el cuello y las manos. Él presintió que la conocía de alguna parte, pero no estaba seguro donde la había visto. Seguía preguntándose esto cuando Faith salía de la habitación acompañada de la prima de Rocsan y la chica le sonrió.

–       Ya puedes caminar- dijo Faith sonriente.

–       Si, un poco. Escuché lo que pasó, lo lamento mucho.- respondió la joven.

–       ¿Podríamos hablar? – preguntó Faith de repente con deseos de sentarse a conversar con alguien que pudiera entenderla.

–       Claro.- contestó la muchacha entendiendo a qué se refería.

–       Saben que cuenta conmigo para lo que sea- dirigiéndose a la prima de Rocsan para despedirse.

Ángel confirmó el por qué le era tan familiar al momento en que fueron presentados. Ahora entendía la razón de aquellas heridas y ciertamente eso le llamaba mucho la atención.

Cuando estuvieron en la habitación, la enfermera los dejó solos. Ángel prefería quedarse fuera, pues no quería imponer su presencia en un asunto que directamente no le incumbía, pero Faith le pidió que se quedara, era como si ante la presencia de aquellas dos personas ella podía llenar aunque sea un poco, el vacío que sentía por la pérdida de sus seres queridos.

–       Es difícil, ¿cierto?- comentó la joven mientras se acomodaba en su cama.

–       Algo- contestó Faith mirando por la ventana.

–       Entiendo. Mi madre suele decir que el miedo a la perdida nos atrofia, ¿eso es lo que te ocurre, no? – dijo mientras veía a Ángel de reojo.

–       Si, es algo así.- suspiraba al contestar mientras se volteaba a verla.

–       ¿Cómo puedes saberlo?- preguntó Ángel mirándola fijamente de pie desde la puerta.

–       ¿Has escuchado hablar de las ánimas?- contestó la chica sonriente.

–       ¿Almas estancadas en el purgatorio?- respondió Ángel extrañado por aquella pregunta.

–       Exacto.- lo miraba tan fijamente que por un momento pensó que intentaba insertarse en su cabeza y conocer sus secretos más profundos.

–       ¿Qué pasa con las ánimas?- preguntó Faith a su vez.

–       Pues necesitan ganar puntos para llegar al “cielo”, es por eso que muchas se pasean por la tierra ayudando a otros.-volteando la vista para contestarle

–       Sigo sin entender, ¿qué tiene que ver eso con…?- preguntaba confundida.

–       Si quieres acabar con todo lo que te ha pasado, tendrás que encontrar a una ánima y ayudarla a subir- decía la chica como si nada. Ángel la observaba. Nada de eso tenía sentido.

–       ¿Pero las ánimas están muertas, no?- decía Faith con un ligero temblor en los labios.

–       Así es, pero es posible que muchas mantengan la forma en que murieron.

–       ¿Cómo es que sabe de eso?- preguntó Ángel desconfiado.

–       Porque yo estuve a punto de morir. Por ende, pude ver a una- decía sonriendo con toda la tranquilidad del mundo.

–       Espera, entonces ¿por qué yo no he visto alguna, cuando he tenido más veces cerca de la muerte que un suicida frustrado?- preguntó Faith un poco indignada.

–       Tu sí las has visto, lo que pasa es que no te has dado cuenta.

Tanto Faith como Ángel se quedaron con la sangre helada al escuchar aquello. El pensar que había estado al lado de alguien muerto, que a lo mejor te ha hablado y que hasta pudo haberte tocado, alguien que no existe en un plano físico, espíritus que a lo mejor rondan por los lugares en los que has estado. Almas en vela, que vagan por el mundo con un eterno lamento. Que rozan tu piel, haciéndote sentir un intenso frío en los huesos. Seres que pueden estar dispuestos a ayudarte o a perjudicarte, escondiéndote las cosas, ya sea un lápiz, o incluso un llavero. Causantes de tu desesperación, haciéndote sentir que no importa si no hay nadie más, siempre estarán allí interviniendo en tus pesadillas, mostrándote cosas que a lo mejor no tienen nada que ver contigo y que quizás nunca sucedan.

Ciertamente Ángel no creía que las ánimas pudieran hacer todas esas cosas, pero estaba hablando de espíritus y esos podían considerarse más peligrosos que los mismos vampiros. Técnicamente su raza estaba “viva”, pero los “fantasmas”…ellos ya eran otra cosa.

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