Capítulo XIX

A Ángel le sorprendió la forma en que la noche se apoderó del día. Cuando menos se lo esperaban, él y Faith se encontraban en la calle… cazando vampiros. Él había puesto miles de pretextos para impedir aquella arriesgada salida. Pero al final si él no la acompañaba ella estaba dispuesta a hacerlo sola. Su misión, y de eso estaba clara, era salvar a sus hermanos, aunque tuviera que morir en el intento. O al menos esas habían sido sus palabras. 

Llevaban dos horas caminando, todo parecía normal a pesar de que él empezaba a sudar. Su sed comenzaba a despertar y la cruz que Faith llevaba en el cuello lo ponía nervioso. Tuvo que aprovechar un momento en que ella se distrajo para sacar uno de los frascos de la poción. La tomó a prisa, la sensación fue tan fuerte que tuvo que sostenerse de un poste de luz que había cerca. Al Faith voltear la vista, se extrañó por aquella reacción.

–       ¿Estás bien?- preguntó un poco asustada

–       Si, es solo que no he comido muy bien últimamente. Creo que tengo las defensas bajas- observandole el cuello…se veía tan delicado…

–       No puedes seguir entonces. Tienes que comer algo o te vas a enfermar- moviendo la cabeza negativamente, desaprobando aquella actitud.

–       Si…- ese cuello. Podía sentir la sangre moverse a través de ese cuerpo tan suculento.

¿Qué le sucedía? No debía estar pensando aquello, no de ella. Cerró los ojos. Se sentó en el piso apoyado del poste de luz, en espera de que la poción surtiera efecto.

–       Estas muy mal. ¿No prefieres irte a tu casa a descansar?- preguntó preocupada.

–       ¿Y tú?- preguntó él a su vez sin siquiera mirarla.

–       Bueno, llevamos horas en esto, y nada. Además…no estoy segura de si estoy lista para un encuentro con ellos- sonrió tristemente con ganas de llorar al pensar en sus hermanos.

Ángel se sintió aliviado. Finalmente desistia de aquella descabellada idea y se irían a casa antes de que pasara algo.  Dio un respiro y con ayuda de Faith se puso de pie para devolverse. 

Apenas dieron dos pasos cuando se detuvo de repente sintiendo la presencia de unos seres. Unos segundos después escucharon un grito a tan sólo unos cuantos metros desde donde ellos se encontraban. Faith se quedó petrificada por unos minutos. Ángel la observaba nervioso.

Sentía que la historia volvía a repetirse, pero ahora la cosa era más grave. Si iba, podría encontrarse a Ted o a Rocsan asesinando a alguien, y las imágenes de la última vez volvieron a su mente aterrorizándola.

Escucharon otro grito, al parecer se trataba de otra persona, esto la hizo despertar. Sin siquiera pensarlo salió corriendo hacia el lugar de los hechos. Ángel no pudo detenerla y la siguió temiendo lo peor.

Al llegar y ver aquella escena, Faith volteó el rostro llena de repugnancia. Ángel observaba al Cazador quien lo reconoció de inmediato. En el suelo yacían dos cuerpos, ambos hombres de algunos veinte, uno tenía el pecho rasgado, el cuello roto y sangraba por la nariz. Ted se encargaba de aquella sangre, mordiéndolo en la yugular. Rocsan se entretenía con el otro.

–       Faith…-murmuró la voz de Ted totalmente diferente a la que ella conocía. Aquel hermano mayor, alto y esbelto, de ojos claros y sinceros, de voz cálida y afable. Eso la espantó haciéndola abrir los ojos asustada.

–       Faith…- ahora la voz provenía de Rocsan- ¿viniste a celebrar con nosotros?- dijo sonriendo, eso la indignó haciendo que volteara la vista para mirarla a esos ojos inexpresivos.

–       ¿Celebrar? ¡Te has vuelto loca!- exclamó sin creer lo que escuchaba- ¡Rose por Dios! Mira en lo que te has convertido, recapacita, aún puedes ser exorcizada, tu…- pero se detuvo ante la carcajada de su amiga.

–       Tendrías que matarme para sacar lo que hay en mi sangre- dijo- no estoy poseída, así que no seas estúpida- Faith estaba perpleja, nunca antes le había hablado de esa forma…

–       Ted…escúchame…-dirigiéndose a este quien parecía ajeno a lo que sucedía

–       Hermanita… ¿no te gustaría estar con nosotros? Vamos, estás sola. No tienes a nadie y esto, en serio te gustará.- Se ponía de pie al tiempo en que le hablaba y se acercaba lentamente hasta donde ella estaba.

No podía creer lo que escuchaba. Era una locura, todo aquello debía ser un mal sueño. Dándose cuenta del peligro en que se encontraba, tomó la cruz en sus manos, mostrándola a todos antes de que Ted, quien se acercaba a ella, terminara de hacerlo.

Ángel retrocedió un poco al igual que los demás, quienes se mostraron enojados. Faith comenzó a llorar.

–       No saben lo que me duele verlos así, pero prefiero que estén muertos antes que convertidos en asesinos- dijo con dolor en su voz.

–       Que melodramática- rió el cazador.

Ángel se acercó a Faith. Aprovechando el shock en el que esta se encontraba, le hizo presión en uno de los músculos del cuello, a lo que esta cayó inconsciente en sus brazos. Le quitó la cruz que llevaba colgada del pecho y la lanzó a un lado. Luego la tomó en brazos, recostándola en el piso fuera del perímetro de los vampiros de segunda clase.

–       Ángelus. Mi amo tenía razón, te has convertido en un estúpido- comentó el cazador observando su acto.

–       ¿Sabes que no permitiré que salgan de aquí, cierto?- contestó este mirándolo a los ojos.

–       Eso, lo veremos.- murmuró en tono serio, avanzando velozmente hacia él para atinarle un fuerte golpe en el rostro.

Tras un leve titubeo, Ángel se reincorporó y lo tomó de los hombros lanzándolo por el aire, pero el cazador cayó en posición de rana evitando golpearse. Ted y Rocsan observaban dispuestos a defender a su “colega” pero este los detuvo con un movimiento de mano, haciendole señas de que no se acercaran. Hacía mucho esperaba por aquel encuentro.

Volvió a atacar a Ángel golpeándolo en el estomago, pero éste le propinó un golpe certero en el rostro tumbándolo en el suelo. Ángel buscó alrededor, tenía que acabar con él, pero cómo. Vio la cruz de madera en el suelo. La pisó con cierto dolor  en el pecho, tomando el pedazo más grande que ahora le servía de puñal. El cazador volvió a atacar, lanzándose encima de Ángel dispuesto a arrancarle parte del cuello, pero este fue más ágil y le dio un golpe certero  al corazón. El cazador se hizo polvo al instante. Ted y Rocsan se asustaron.

–       ¡Váyanse! ¡No regresen jamás! ¡Desaparezcan de su vida!- decía recuperando fuerzas, acercándose a Faith- si en verdad disfrutan de esta inmunda vida aléjense, porque si los vuelvo a ver, acabare con ustedes.- Ted y Rocsan retrocedieron, mirándolo con odio, para luego desaparecer- Lo lamento. Pero es lo mejor para ti- murmuró observando a Faith en sus brazos. Extrañamente, la noche era especialmente hermosa.

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