Capítulo XVIII

El día siguiente llegó en apenas un suspiro, aún cuando la noche pareció ser eterna. Faith había abierto los ojos al fin, y lo primero que vio al voltear la cabeza fue aquel rostro pálido de ese extraño. Por alguna razón sintió un gran alivio al tenerlo a su lado. No había razones para dejarla en cama, así que con su mano recién vendada pudo salir sin problemas. Ángel seguía sus pasos sin decir nada. Ella simplemente se había vestido, y había salido muy segura de a dónde se dirigía. En el camino, él notaba que estaban en dirección a la universidad, lo cual lo extrañó bastante.

Al llegar al campus se dirigieron al edificio de la Biblioteca, donde sin siquiera saludar a la encargada, entraron directo a una de las secciones del edificio. Faith empezó a leer las tapas de los libros de la tercera fila, pasando uno por uno, y cuando encontraba algo de lo que le interesaba, le pedía a Ángel que se acercara para que la ayudara a cargar con los libros.

–       ¿Qué busca?- preguntaba Ángel volviendo a adoptar un tono formal con ella.

–       La manera de salvar a mis hermano- leyendo cada título de los libros que revisaba- hazme un favor- sacando otros dos libros a la vez del estante- sostén esto- él se acercó y ella le pasó los libros.

–      Debería descansar, ¿no cree?- comentó un poco preocupado.

–       Primero, estoy bien, pero gracias por la preocupación- sacando otros dos libros y dándoselos- segundo, ¿cómo puede ser que después de lo ocurrido sigues hablándome de usted?- Ángel se sorprendió un poco con aquello- ¡Ach!- exclamó soltando uno de los libros que sin darse cuenta había tomado con la mano lastimada- ¡Estoy bien!- dijo antes de que Ángel le dijera algo cuando hacía el gesto de acercarse a ayudarla- Vamos, con esto es suficiente.

Él la siguió llevando los libros, creyó que se sentarían en una de las mesas por lo que se dirigió  a la más cercana. Pero Faith le hizo señas para que lo siguiera. Cuando ella llenaba unas fichas para permitir la salida de los libros, Ángel aún más extrañado se preguntó a dónde irían. Terminaron yendo a la residencia de los Hope.

Estaba indignada, había soportado que se metieran con ella, con sus padres, hasta con sus amigas, pero aquella había sido la gota que derramaba el vaso. Se acababan de meter con las dos personas que más quería y con las únicas con las que podía contar. Eso, no podía ser permitido. Buscó sus anotaciones para regresar a la sala donde Ángel aguardaba un poco nervioso.

–       Si quieres puedes irte, estaré bien- le decía mientras empezaba a hojear los libros que colocaron en las mesas.

–       No hay problema, en serio-

–       Pero seguro tienes cosas que hacer, digo, debes tener un empleo, una vida, ¿no?- Ángel ni siquiera tenía que pensarlo, para él su vida estaba frente a sus ojos.

–       Estoy de vacaciones, no te preocupes por eso- contestó observando la libreta de notas.

–       Mira, voy a ser honesta contigo. Estas cosas van más allá de la capacidad humana, y no espero que te involucres en algo que ni siquiera tiene que ver contigo- Ángel se sorprendió un poco por aquellas palabras, aunque eso le confirmaba los motivos por los cuales debía permanecer a su lado.

No contestó, así que Faith tomó su silencio y el hecho de que no se fue como respuesta. Le sonrió y siguió con su trabajo.

Duraron horas y horas, leyendo cada libro tomado de la biblioteca. Faith sacaba el dato preciso de cada texto, y la facilidad con que lo hacía llego a impresionar un poco a Ángel. Aunque claro, suponía que tomando en cuenta las largas horas de lectura que había tenido desde meses atrás, aquello era muy fácil para ella.  Al final, sólo quedaban dos libros de la larga pila que habían leído. Así que decidieron dejarlos a un lado, y analizar lo que tenían a mano hasta el momento.

–       No hay duda, tuvo que haber sido un vampiro- dijo. Ángel se tensó un poco.

–       ¿Un qué?

–       Sé que suena extraño…pero tuvo que haber sido eso. Una criatura que se alimenta de la sangre de los demás, un ser que vive en la muerte y reina en la noche- recitaba mientras caminaba de un lado a otro pensativa- aunque este tiene características bien específicas, al parecer hay varias clases de vampiros y…- volviendo a leer una de las notas- según esto, debió haber sido un Cazador- Ángel se quedó en silencio. ¿Cómo podían tener esos datos los libros de una Biblioteca Universitaria?- Necesitamos ajo, agua bendita y una cruz de madera- observó leyendo sus últimas anotaciones.

Ángel no pudo evitar sonreír ante la mención del ajo. El hecho de que al Conde Drácula no le gustara el ajo, no significaba que eso podía espantar a los demás. Era un estereotipo sin fundamentos, en su opinión. Sin embargo, la idea de una cruz de madera lo puso un poco nervioso. Nunca había podido soportar irritarse ante aquel objeto.

–       ¿Para qué necesitamos todo eso?- preguntó tratando de no parecer nervioso.

–       Iremos de cacería- los ojos de Faith de repente tenían un brillo especial, un brillo que lo tensaba.

–       ¿Qué?- dudoso de que ella fuera tan imprudente como para cometer semejante locura.

El Cazador se encontraba dichoso, volvía el anochecer y su última cena estuvo tan espléndida, que esperaba con ansias la siguiente. Sentía la presencia de sus víctimas ahora convertidas en aliados, por lo que era necesario efectuar un encuentro amigable entre sus colegas. Se encontraron en una cueva, a pocos kilómetros de la ciudad. Ted, degollaba un pobre conejo gris, mientras Rocsan lo observaba como si aquello fuera muy divertido.

–       Amigos míos…-escucharon la voz de aquel hombre pálido sin expresión en los ojos y una sonrisa macabra.

–       ¡Eres tú!- exclamó Rocsan sorprendida

–       Me debes un grito- susurró acercándose a ella al tiempo en que la tomaba del cuello. Ted seguía entretenido con el conejo.

–       Tómalo- dijo esta como si el dolor provocado fuera muy satisfactorio y todo aquello fuera un chiste.

–       Buena niña- terminó diciendo lanzándola contra la pared, haciendo que expulsara un grito- ¿Lo disfrutas?- dirigiéndose a Ted, quien se disponía a comerse una pata del conejo muerto.

–       ¿Acaso crees que puedo estar disfrutándolo?- contestó un poco resentido.

–       Entonces acompáñame, yo te enseñare las cosas buenas de esta no vida- Ted dejó al conejo y lo siguió. Rocsan, se paró del suelo, hizo un movimiento de cabeza acomodándose los músculos del cuello, y también lo siguió.

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