Capítulo XIV

Las autoridades hablaban con Faith. Le informaban acerca del caso y de cómo habían tratado comunicarse con ella sin éxito. Su familia se encontraba entre la vida y la muerte, y tenía la ligera sospecha de que lo ocurrido iba más allá de un simple accidente automovilístico.

Ni siquiera los médicos podían explicar la causa del por qué Ted presentaba tantos moretones en el estómago, sin contar la fractura de su cuello. Por su parte, Rocsan tenía una fuerte contusión en la cabeza que la hizo perder el conocimiento, además de las marcas en su cuello que demostraban algún intento de estrangulamiento por parte de un tercero.

 

Luego de ver el estado de sus hermanos, con los cuales pasó un largo rato, se sorprendió mucho al verlo a él esperando afuera como si estuviera obligado a estar allí.

 

Ángel se sentía desconcertado. Por una parte sentía que se arriesgaba más de la cuenta, pero por otro lado, no había quien lo sacara de allí. No importaba la cantidad de personas que allí estaban, o que tuvo que tomarse dos porciones de su ‘medicina’, o el hecho de que no podía hacer nada ni por Rocsan, ni por Ted… nada de eso importaba.

 

Faith lo miraba sonriente, no podía creer que aún estuviera ahí. Debía de ser un muy buen amigo de su hermano para querer pasarse todo el sábado en el hospital. Se le acercó y lo invitó a tomar algo. Al principio, él se sintió un poco incomodo caminando a su lado, pero poco a poco se le fue pasando.

 

–       Todavía no sé su nombre- decía Faith mientras se encontraban en la cafetería del hospital.

–       Ángel- contestó creyendo que no era ningún peligro decirle su nombre real, al menos no su nombre humano.

–       Así que Ángel, debe ser una especie de guardián celestial con ese nombre- dijo a manera de broma, aunque sus ojos estaban a falta de alegría.

–       Seguro- respondió este sin mucho entusiasmo.

–      Gracias. Por haberme avisado- él sólo sonrió.

 

Se sentaron en una mesa algo alejada de las personas, cerca de las ventanas. Faith tomaba un jugo de naranja con la vista perdida. Ángel la observaba orgulloso del valor y la fuerza que poseía. Había vivido muchos siglos, y conocía a muchas personas. Pero ninguna como ella. Otros en su lugar preferirían acabar con su vida, sin embargo ella seguía ahí, resignada a lo peor, dispuesta a enfrentarlo. Eso lo inspiró.

 

–       Estarán bien- decía tratando de consolarla, aunque no estaba seguro de si esas eran las palabras más apropiadas.

–       Si, a lo mejor, digo si yo aún estoy viva, ¿quién quita que ellos no?- en un tono irónico.

–       ¿Acaso no está alegre de seguir viviendo?- preguntó un poco extrañado por aquel tono en su voz.

–       No, creo que no- contestó observando el cielo.

–       ¿Por qué?- preguntó interesado con la sorpresa que le causaba esa respuesta.

–       Bueno,- respiró hondo- ¿alguna vez se ha preguntado para qué existe?- Ángel no supo qué contestar- Yo lo tenía todo, claro en sentido figurado, porque como supongo que sabe, Ted y yo somos huérfanos.- dijo como si aquella última palabra le doliera en el alma- En fin, a pesar de eso, podía considerarme una persona alegre, pero desde aquello…- recordándolo con dolor. Ángel supo a qué se refería y solo pudo bajar la mirada- Cuando las vi morir supe que yo también moriría, nadie iba a poder ayudarme, como nadie pudo ayudar a mis padres. Tenía tanta rabia porque no pude salvarlas, no pude hacer más que esconderme- su tono de voz cambió a uno de rencor. Ángel no podía hablar- Cuando lo tuve frente a mí, vi en sus ojos la muerte de mis vecinos, de mis amigas y mi propia muerte. No entiendo por qué no lo hizo, por qué siendo lo que era, actuó como un hombre.

–       ¿A qué se refiere con actuar como un hombre?- se animó a preguntar tragando en seco.

–       No me va a creer, y no sé porqué se lo cuento, pero lo que causó todas esas muertes, no fue una persona normal. Era una especie de demonio con colmillos y un aspecto repugnante- decía con algo de asco, Ángel pareció sorprendido, pero no lo estaba, solo esperaba a ver donde terminaría aquella confesión- e increíblemente sentí que era un hombre…

–       ¿Cómo es eso de que lo sintió?- aún más tenso.

–       No sé cómo explicarlo- tratando de revivir el momento para darse a entender- Justo cuando creí que acabaría conmigo, se detuvo y comenzó…a besarme- hubo un silencio- Debe pensar que estoy loca- al notar la expresión de Ángel perpleja.

–       No, para nada. De hecho, encuentro interesante todo lo que vivió- mirándola a los ojos. Ella sonrió.

–       Bien, la verdad no sé porqué le cuento esto si apenas nos conocemos, creo que me conmovió al quedarse ahí de pie esperando noticias sobre mi hermano. Se ve que es un buen amigo, esta es la hora en que no he visto a ningún otro de sus llamados “amigos”- decía un poco resentía por aquellos a los que Ted les había presentado- Como le decía, el empezó a besarme y yo no sabía que hacer- retomando el tema- estaba atónita ante esa situación. Estaba consciente de que él estaba ahí para matarme igual que  a los demás, pero sentía que no lo haría, que no se atrevería a dañarme porque…- se quedó en silencio. Era tan absurdo lo que creía.

–       ¿Por qué? – preguntó sudando frío.

–       Es tan absurdo, pero sentía que él me amaba- levantando la vista.

 

Los siguientes cinco minutos se mantuvieron en silencio. Ella terminó de tomarse su jugo, él la observaba. Estaba entre eufórico y atónito al escuchar aquellas palabras salir de su boca. No podía creer que estuviera ahí, sentado frente a ella escuchándola hablar de su experiencia la primera vez que se vieron. Era irreal.

 

–       ¿Qué ocurrió después? ¿Cómo se sintió?- se animó a preguntar más tarde.

–       Nada, creo que me escuchó y se fue. Me sentí tan desdichada. Hubiera preferido la muerte a mantener esos recuerdos vivos en mi cabeza.

–       ¿No cree que si está viva es por algo?- Decía temiendo la respuesta.

–       Será, pero no entiendo cual podría ser esa razón. Hace pocos días ayude a  alguien, eso me hizo sentir tan bien…pero luego encontré el cadáver de uno de mis compañeros el mismo día en que volví a ser atacada. Si no hubiera sido por…- se quedó pensativa, daría lo que fuera por saber quien la ayudaba.

–       ¿Por?

–       Alguien, que apareció de la nada. Es como un ángel guardián que me protege. Me pregunto quién será…- preguntó pensativa mirando a la nada, mientras Ángel seguía observándola.

 

Tenía tantas ganas de decirle quien era, de que así como ella se abría emocionalmente ante él, así él poder contarle quien era. Pero no. Todavía no era el momento.

 

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