Capítulo XI

Rocsan la visitaba para saber cómo seguía. Faith nunca le mostró a nadie lo que investigaba excepto a ella, a quien a pesar de tenerle una enorme confianza, nunca mencionó palabra alguna sobre la razón por la cuál el demonio la había dejado con vida.

Rose, como le decía Ted, estudiaba teología avanzada, era parte de un curso especial que hacía. Su creencia en Dios era tan fuerte que trataba de demostrar que la ciencia era parte de la religión, solo que las personas hacían lo posible por enfrentarlas entre si, o por lo menos esa era su teoría. Faith siempre creyó que debía haberse metido a monja o a algo así, pero ella decía que sus ideas eran muy abiertas para la iglesia conservadora de esos tiempos y que existían varias formas de servir a Dios sin necesidad de pertenecer a una congregación específica.

A Faith esos temas no le interesaban, al morir sus padres dudaba mucho de la religión y de todo lo que tuviera que ver con ella, pero luego de haber hablado con la enfermera sentía que sus dudas se acrecentaban y que las cosas iban más allá de su intelecto. Lo que la hacía creer en que en verdad existía un ser supremo, que ella tenía un importante futuro que cumplir.

–       Creí que no te interesaban estas cosas- le dijo Rocsan extrañada cuando Faith le pregunto de repente acerca de la fe y las religiones.

–       Tú lo has dicho, no me interesaban, ahora… es distinto, creo que puedo encontrar muchas respuestas si busco en ese tema- contestó mientras observaba su mano vendada.

–       Ya veo, pues bien, mañana te puedo traer todo lo que tengo sobre eso. Te advierto, es algo complicado y difícil de entender. La mayoría de las cosas las dicen en metáforas y hay muchos misterios sobre la vida que por más que se analicen nunca se encontraran las verdaderas respuestas.- Faith la escuchaba atenta- muchos terminan volviéndose locos, así son los científicos en especial, quieren encontrarle una razón lógica a las cosas y no entienden que muchas veces la vida es algo ilógica o demasiado lógica para poder entenderla- Faith la miró sorprendida.

–       ¿Cómo es que no te has vuelto loca?- preguntó sonriente.

–       ¿Y quién dice que no lo estoy?- respondió con una risa amena.

Rocsan tenía la facultad de hacer reír a las personas con cualquier comentario, así era ella. Especialmente con Faith, a quien le tenía gran aprecio. Como se hacía un poco tarde, Rocsan se retiraba, a lo que Ted se ofreció a acompañarla, para que no estuviera sola por la calle a tan altas horas de la noche.

–       No seas paranoico, además voy en coche- le contestó ella, al este ofrecerse.

–       Rose, por favor, así estaré más tranquilo- le rogaba.

–       Si, déjalo y me lo sacas de encima aunque sea un rato- comentó Faith, bastante serena hojeando el cuaderno de notas que al fin encontró.

–       Ah…ja, echándome al necio a mí. No gracias – dijo a manera de chiste incentivado a que Ted la mirara con algo de reproche- ya, está bien. Vamos. – terminó diciendo despidiéndose de Faith y saliendo hacia su coche delante de Ted.

Se preguntaba cómo si Ted se iba con ella, él regresaría a su casa, cuando este mencionaba que si se daban prisa lograría alcanzar el autobús de las 11:00 de regreso. Ella solo pudo sonreír, desde que se conocían siempre la trató como a otra hermana más, y ciertamente ella era como un miembro de su familia.

Cuando iban de camino, Rocsan al volante, empezó a llover. Estaban charlando sobre lo paranoico que se estaba poniendo Ted, con todo aquello, cuando alguien se les cruzó en frente provocando que ella frenara de repente, y el vehículo  se deslizara de lado, quedando a un lado de la carretera.

–       ¡Auch! ¿Estas bien?- preguntó Ted al sentir como un fuerte dolor le atacaba el cuello.

–       Eh…- moviendo un poco la cabeza, dándose cuenta de la herida de su frente- sólo espero que no me quede una cicatriz.

–       ¿Qué pasó?- preguntó Ted, tratando de aflojar los músculos de su cuello.

–       ¡Oh Dios!- exclamó ella quitándose el cinturón de seguridad y saliendo del coche precipitadamente.

Él no entendía porqué el apuro, pero seguido de su instinto la siguió. Ella buscaba desesperada el cuerpo de aquella persona, ¿y si la golpeo tan fuerte que la mató? ¿Dónde rayos estaba su cuerpo? Probablemente aun estaba a tiempo de salvarla, por Dios, que no este muerta. Pensaba empezando a sentir un fuerte dolor en la herida.

–       Rose, ¿qué sucede? ¿qué buscas?- preguntó Ted saliendo del coche sin dejar de mover el cuello para aminorar un poco el dolor.

–       ¿Acaso no lo viste?- sorprendida por aquella pregunta.

–       ¿Ver qué?- perplejo ante esa reacción

–       Espera, – volteándose a verlo- ¿no viste la persona que se nos cruzó?

–       ¿Qué persona?- reflexionando un poco- a ver si entendí, ¿!tratas de decir que atropellaste a alguien?!- ella afirmó con un movimiento de cabeza, pues esa idea no la hacía sentir bien- pero…si así fue, ¿dónde está el cuerpo?- buscando al igual que ella.

–       ¡No lo sé! ¿Crees que hubiera frenado así de repente si no fuera importante?- exclamó.

–       Bueno, eres mujer…y ya sabes lo que dicen de las mujeres cuando manejan- respondió razonablemente.

–       ¿Qué tratas de insinuar?- mirándolo acusadoramente, y sintiendo que su dolor aumentaba.

–       De acuerdo, te creo pero insisto, ¿dónde esta el cuerpo?- volvió a preguntar para evitar la pequeña discusión que estaba a punto de iniciar.

Nadie tuvo que responder. En ese momento escucharon un estrepitoso ruido encima del coche, lo que los hizo voltear la mirada al instante y lo que vieron no fue nada agradable.

Estaba sangrando por la frente, totalmente pálido, sus ojos no tenían expresión alguna, estaban totalmente blancos y esa sonrisa…una sonrisa macabra, llena de malicia, que contradecía la expresión de su rostro.

–       ¿Me buscaban?- preguntó sonriendo, a Rocsan le dio la impresión de que los estaba observando, pero no sabía cómo si sus ojos no mostraban nada y eso la asustaba.

–       ¿Qu…quién eres?- Ted retrocedía paso a paso.

–       ¿Quién soy? ¡Je!, ahora ese es el menor de tus problemas- cambiando el color de sus ojos a un negro intenso por lo que Rocsan ahogó un grito de espanto.

De pronto ese hombre se lanzó encima de ellos, golpeando a Ted en el rostro y haciendo que cayera de bruces al suelo. Luego tomó a Rocsan del cuello y la levantó levemente apretándola un poco más.

Ted trataba de levantarse pero el golpe lo tenía noqueado. Empezaba  a sangrar, sentía un fuerte dolor en todo el cuello y en el lado izquierdo del rostro.

–       Regálame un grito- le susurró aquel ser a Rocsan presionándola aun más.

–       No crees…que vas un poco rápido para pedirme obsequios- murmuró esta, y con las fuerzas que le quedaban  lo rasguñó en el brazo haciendo que la soltara por un instante.

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