Capítulo X

Ted estaba decidido, se irían de aquel sitio a primera hora de la mañana siguiente. No soportaba ver como la vida de su hermana se convertía en una novela de terror. Así pues, decidió que era hora de hacer un viaje, alejarse con ella para que pudiera tomar un respiro y volviera  a ser la misma de antes. El problema era que esta vez ella se negaba rotundamente.

–       ¡Pero Faith! ¿No entiendes lo que esta pasando? Este lugar no es seguro, es como si tuviera un karma o algo así, ¡podrías haber muerto!- exclamaba tres días después de que ella hubiera salido del hospital cuando este le hacia la propuesta del viaje.

–       Sabes que a lo menos que le temo en estos momentos es a la muerte. Además, al final vivimos para morir, ¿no?- dijo mientras buscaba algo entre sus cosas.

–      Faith… ¡No puedes arriesgarte así!- empezando a molestarse por aquella actitud tan inconsciente que su hermana estaba tomando.

–       Ted, entiendo tu preocupación y te lo agradezco, en serio- desorganizando los papeles del escritorio- pero no pienso irme, no ahora…

–       Faith, te lo pido, te lo ruego solo trato de protegerte. A nuestros padres les hubiera gustado que nos fuéramos, que estuviéramos a salvo- Faith detuvo unos instantes su búsqueda para observarlo a los ojos.

–       A nuestros padres les hubiera gustado más que siguiéramos nuestros instintos y nos enfrentáramos a las cosas- Ted la miro, ¿Cómo hacerle entender que debían irse?

–       Recapacita, no estamos hablando de cualquier tipo de problemas, estamos hablando de cosas que no entendemos, ¡cosas que nadie puede entender!- acercándose a ella y poniendo una mano en su hombro- Hermana, entiende, solo quiero tu bien- al decir esto bajo su tono de voz y lo convirtió en una expresión cariñosa y amable.

Era cierto, pero también era cierto que ella debía aclarar todas las dudas que tenía y las respuestas estaban allí.

–       Lo sé.- dijo al fin- Aprecio mucho tu preocupación, pero no me iré. Tu mismo lo has dicho, ha sido suerte y si la suerte está de mi lado debo aprovecharla- mirándolo a los ojos.

–       Pero…- tratando de objetar

–       Hace seis meses vine aquí huyendo, ¿qué te hace pensar que si lo hago de nuevo la historia no se repetirá? No Ted, si quiero acabar con la ola de muertes a mi alrededor debo enfrentarme a esto.

–       Estas arriesgando tu vida- en tono de desesperación.

–       No Ted, no es la vida lo que arriesgo, es mi presente y mi futuro.

No había más que decir. Ted la abrazó sintiéndose derrotado y en silencio se retiró de su habitación. Ella siguió buscando, ¿dónde rayos había puesto las notas de anormalidades que no encontraba por parte alguna? Las necesitaba, eran indispensables si quería encontrar respuestas a sus preguntas. ¿Dónde rayos estaban?

Ángel se comunicó con el hechicero. Al final de cuentas era el único en quien realmente podía confiar. La primera vez que se encontraron, el hechicero era atacado por un par de vampiros de segunda clase. Ángelus no los soportaba. Aunque eran de la misma especie, los métodos utilizados por los vampiros de segunda clase eran totalmente rudimentarios, ni sus madres se salvaban de su brutal crueldad. Lo primero que él y el hechicero tuvieron en común fue a su enemigo. Por lo que Ángel no tuvo problemas en ayudarlo, en especial si no se trataba de algún humano común, el cual podría servirle de cena más tarde.

El hechicero sintiéndose en deuda, le ofreció sus servicios de por vida. Se había ganado a un aliado. Para llamarlo sólo tenía que escribir su nombre al revés en la tierra.

Esa noche Ángel volvió a casa de Faith, cambiado y arreglado, como lo hacia casi todas las noches sin que nadie se diera cuenta. Observaba como buscaba algo con desesperación, entonces recordó la libreta que poseía, ¿acaso pensaba en no devolvérsela? Total, todo lo escrito allí él ya lo sabía, pero… ¿y la información sobre su padre? Si seguía esa línea daría con él y se enteraría de que era el asesino, y ya no podría protegerla como quería, y mucho menos conquistarla, y…

Se sorprendió un poco al percatarse que ella se acercaba a la ventana. Si lo hacía lo vería husmear y empezaría a hacer conjeturas por lo cual no le convenía. Pensó rápido, ¿dónde ocultarse? Detrás tenía la calle con tráfico, a los lados un extenso terreno llano y al frente la ventana de la habitación. ¿Qué hacer? ¿Dónde ocultarse? Vio un árbol en la esquina, pero no había tiempo se notaria su sombra…

Ella abrió la ventana para luego apoyarse en el barandal con su mano derecha. Fijó su vista hacia el frente, todo estaba tranquilo, demasiado en su opinión. Pero suponía que eso sería alguna señal de que las cosas mejorarían.

Una vez más estaba a punto de llover, lo cual la hizo desistir de la idea anterior, entró la cabeza y cerró las ventanas.

Respiró hondo, por un momento pensó que lo descubrirían, pero no. Se encontraba encaramado en la parte superior de la ventana entre esta y el techo, sosteniéndose de la orilla del mismo. ¡Que suerte que estaba nublado!, sino la luz de la luna hubiera reflejado su figura en el suelo.

Pensó que era suficiente por esa noche, bajó al escuchar la puerta de la habitación abrirse, lo que le decía que ella había salido. Abrió un poco la ventana y con algo de pesar arrancando las últimas hojas de el cuaderno de notas, cerró las ventanas. Confiando en que por esa noche estaría bien, se retiró.

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