El inicio Cap. V

Capítulo 5

Ángel estuvo toda la noche en vela. Dada su naturaleza tenía grandes deseos de atacar, pero la imagen de la fotografía parecía un taladro en su cabeza. Cuando veía a alguien cerca, ya sea porque se le hacía tarde en el trabajo o porque acababa de salir de alguna fiesta o por lo que fuera que estuvieran a esas horas en las calles, debía luchar duramente contra sí mismo para atacarlo.

Así paso la noche, caminando por las calles con más remordimientos que nunca, cosa en la que puso toda su concentración. Había llegado a un barrio marginado en donde se encontraban varios mendigos, gente de la calle a los cuales no les quedaba de otra más que dormir a la intemperie debajo de cajas; muchos dormían sin haber probado bocado en el día entero, otros no soportaban el frío de la noche y se mantenían cerca de un pequeño fuego formado en una especie de tanque de basura.

Ángel los observaba, se daba cuenta de que él y ellos eran de cierta forma similares; desterrados de la sociedad, sucumbiendo ante la más inmensa soledad, haciendo lo posible por poder seguir un día más sin esperanzas de algún futuro mejor. Esas ideas eran realmente pesimistas y no era para menos.

Se sentó en un rincón pues se sentía cansado. Un señor de la tercera edad vestido con harapos se sentó a su lado, le ofreció algo del pan que comía y este lo rechazó con un gesto tratando de decirle que prefería estar solo. Al parecer el señor no entendía el mensaje del todo y se propuso a entablar una charla con él…

–       Un día largo, ¿no?- decía mientras se acababa el pedazo de pan que poseía- todos hemos tenido días así- continuó al notar que Ángel no hacia ningún comentario.

–       Debe de tener muchos problemas para venir a pensar por estos predios- siguió diciendo el hombre.

–       ¿Quién le dijo que…?- preguntó Ángel extrañado con este comentario.

–       Bueno, no hay que ser expertos para saber que no pertenece a este lugar. Tan solo mírese tiene pinta de haber vivido bien o por lo menos eso aparenta-

Ángel no contestó, “haber vivido bien”, esa frase le sonó tan extraña e irónica que no pudo evitar sonreír.

–       Se ve que es una persona callada, lleva consigo un enorme peso. Quizás un pasado un tanto tormentoso- decía mientras observaba a varios discutir por un puesto para dormir, Ángel lo observó, le daba la impresión de que detrás de esa apariencia andrajosa se encontraba alguien bastante perspicaz- Amigo no sé de sus males, ni pretendo saberlo pero le diré que todo tiene solución en esta vida- sonriéndole como si en verdad fuera su amigo y se conocieran de toda la vida.

Ángel le volvió a dirigir la mirada, esta vez escéptico ¿Cómo podía hablar tan positivamente cuando se encontraba en una situación así?

–       No me mire así, sé muy bien lo que digo. Aún no me he vuelto loco- dijo sonriendo

–       Pues está a punto…- contestó Ángel con una mirada escéptica.

–       Jajaja, tiene buen sentido del humor ¿eh? Es satisfactorio saber que sus problemas no le hayan quitado eso- esta vez fue Ángel quien rió, ¿sentido del humor? Bueno, quizás un humor negro, pero ¿sentido del humor? ¿Él? Debía de estar jugando…

–       Eso es bueno, ¿sabe? Porque significa que podrá superar sus problemas.

–       Mis problemas no tienen solución por más que intente resolverlos- dijo en un tono más serio de lo usual.

–       Amigo mío, todos los problemas tienen solución, lo que pasa es que nos rendimos muy fácilmente ante las adversidades.

–       Señor, no conoce mis problemas. Llevo siglos intentando resolverlos pero no tienen solución- dijo casi por impulso, ¿quién era él para hablarle de problemas no resueltos?

–       Precisamente por eso es que las personas terminan estancadas- dijo más para sí que para Ángel- para resolver un problema lo primero es estar conciente de que existe-

–       Eso ya lo sabía- contestó dudoso de si quería seguir escuchando a alguien muchos siglos más joven que él (aunque no lo aparentara).

–       Luego…- continuó omitiendo aquel comentario- hay que estar conscientes del por qué queremos resolver el problema- eso lo extrañó, ¿Qué no era obvio que si se quiere resolver algo es para salir de ello?- o de si en verdad queremos resolverlo. Muchas veces nos cerramos ante la idea de que podemos mejorar o cambiar una situación difícil en nuestras vidas por temor a las consecuencias que esto provoque, llegamos a acostumbrarnos a las cosas que están mal y a verlas como algo normal- Ángel lo escuchaba atentamente, finalmente aquellas palabras cobraban sentido- otros simplemente tienen miedo a perder, han luchado tanto por conseguir algo y se han caído tantas veces en el intento, que piensan que otra decepción acabaría con ellos y por eso dejan de luchar- terminó diciendo mientras se ponía de pie para irse a descansar.

–       No termino de entenderlo- comentó Ángel desde donde estaba.

–       No hace falta que me entiendas, solo no te rindas justo cuando tu meta esta al doblar la esquina porque las oportunidades no se repiten…Ángelus- sonrió y se retiró.

Ángel estaba perplejo, ¿quién era ese hombre y por qué sabia su nombre? Se paró al instante y empezó a buscarlo pero el señor ya no estaba, parecía como si se hubiese desvanecido en el aire. ¿Quién era? ¿Por qué le había dicho todo aquello? ¿Cuál era su interés en que él resolviera sus problemas y alcanzara su meta?

La luz del alba se asomaba por él horizonte, lo que significaba que en pocos minutos iniciaría el día. Desde su infancia no había querido volver a ver la luz del día, se había aferrado tanto a su vida nocturna que nunca se había molestado en vivir durante las horas del sol. Pero esta vez el día lo sorprendía y sin darse cuenta estaba observando su primer amanecer luego de siglos de existencia en la oscuridad.

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