El Inicio, Capítulo III

Capítulo 3

Rocsan no entendía como su mejor amiga se destruía asó. Ellas se conocían de toda la vida, habían crecido juntas y Rocsan había sido testigo del cambio tan drástico que Faith había dado.

Faith, que se pronuncia “fei” y significa “fe”, creció con su abuela y su hermano mayor Ted. Ellos eran la única familia cercana que tenía, luego la muerte de sus padres en un asalto, cuando fueron obligados por dos  hombres armados a salir del auto en el que iban. Al principio la idea era solo quitarles lo que tenían y robarles el carro. Pero en medio de un forcejeo, uno de ellos disparó nervioso. La bala salió disparada directo al pecho de su padre, y su madre indignada se abalanzó hacia el criminal recibiendo esta un balazo en la cabeza.

Apenas era una niña cuando todo aquello ocurrió. Poco a poco, su abuela le hizo entender que todo ocurría por una razón, y si a sus padres les tocaba irse no había nada que ellos pudieran hacer. A la larga, ellos estaban en un mejor lugar de donde podían protegerla y velar por ella.

Fue esta idea la que le permitió crecer tranquila al lado de sus seres queridos. Sin embargo, siempre sintió recelo ante esa clase de asaltantes. Tanto era su rencor hacia esa clase de gente, que no se le podía mencionar palabra alguna sobre sucesos similares.

A pesar de ese pequeño rencor, todo el que la conocía estaba de acuerdo en que era alguien especial. Una buena persona y bastante servicial, pero luego de “aquello” se había encerrado en sí misma, no hablaba al menos que se le hablara y evitaba que alguien le dirigiera la palabra.

Esa noche, al salir de la Biblioteca, caminaba distraída pensando en el último texto que había leído sobre demonios terrestres. De repente escuchó un grito cerca del estacionamiento que la paralizó. La asustó de tal forma que sin darse cuenta había dejado caer los libros que llevaba en las manos. Alguien estaba siendo atacado cerca en ese lugar. Debía de hacer algo pero ¿qué?  Una vez más escuchó otra grito desesperado.

¿Qué debía hacer? La persona volvió a gritar. Con una mano temblorosa sacó el móvil de los bolsillos de su pantalón y marcó el 911. Tras sonar tres veces la llamada se caía. Al parecer no había buena recepción donde se encontraba. Estaba a sólo unos cuantos pasos del lugar y parecía que solo estaban ellos en toda el área.

No lo dudó más, y salió corriendo en dirección a los gritos que parecían ahogarse poco a poco. Cuando finalmente llegó al lugar de los hechos se detuvo en seco. Una chica, no mayor que ella, sangraba por su rostro, manos y espalda… Parecía haber sido atacada por una especie de bestia que se disponía a comérsela a pedazos. Miró alrededor buscando nerviosa al atacante, y, efectivamente, ahí estaba.

Era una especie de perro de gran tamaño. De un color negro azabache que mostraba sus grandes colmillos en una expresión de rabia. De su labio inferior  brotaba la sangre de la joven que acababa de atacar, pero eso no era lo único que sobresalía de su hocico, había algo más; una especie de espuma blanca, como si estuviera sufriendo un ataque de rabia.

Faith estaba petrificada, no tenía como defenderse y mucho menos con qué hacerlo. Pestañeo un poco como para salir del trance y dijo suavemente:

–       ¿Es… estás bien?- dirigiéndose a la joven tirada en el suelo

–       Duele…du…ele…-decía adolorida con la voz apagada

                      –       Tran…tranquila- tragando saliva- no te muevas- mirando a aquel perro     que empezaba a observarla- Dios, ¿qué hago? Si esta chica no va a un hospital se va a desangrar y si este perro ataca, seremos dos las muertas- respiró hondo recordando la primera vez que se vio en una situación así.

Aunque sabía que la situación era totalmente diferente. Ahora se enfrentaba a un animal sin conciencia totalmente dispuesto a atacarla.

Escuchó otro gemido de la chica, tenía que hacer algo pronto. Empezó a llamar la atención del perro utilizando los sonidos de su aparato móvil atrayéndolo hacía ella, sin saber cómo escaparía una vez que obtuviera su total atención.

De pronto la batería empezó a fallarle, y el perro poco a poco salía de su trance. Tomó impulso y se abalanzó a ella tumbándola al piso, haciéndola gritar del susto.

Estaba en el piso, si. pero no porque el perro la hubiera alcanzado. Alguien se había adelantado al escuchar su grito y la había apartado de la mira de aquella bestia. Ella se irguió algo confundida, miró hacia el lugar donde se encontraba la bestia, ahora parecía asustado y retrocedía poco a poco con más rabia que nunca. Trató de ver a la persona que la ayudaba pero estaba demasiado oscuro y esta le daba la espalda. Escuchó los gemidos de la joven y se acercó a ella, confiando en quién fuera que la estuviera ayudando.

                       –       Tranquila- le susurró a la chica una vez estuvo a su lado- vas a estar bien, tienes que calmarte- observando su cuerpo mal herido sin saber exactamente qué hacer.

               –       Duele…- era la única palabra que podía pronunciar la chica. Sus ropas estaban rasgadas y seguía sangrando sin parar.

              –       Pronto llegará la ambulancia, te llevarán al hospital y estarás bien- esbozando una sonrisa, sin estar segura de que lo que decía sucedería.

Escuchó otro gemido esta vez a unos metros de ella, volteó la vista y vio como el perro se alejaba corriendo medio cojo de una pata. Trató de ver alguna señal de la otra persona pero no la encontró, y para su alivio se escucharon las sirenas de una ambulancia con varias patrullas acercándose.

Estaban salvadas.

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