El Inicio, Cap II

Capítulo 2

Seis meses transcurrieron luego de la tragedia. Y la vida de ambos cambió radicalmente.

Ella se mudó de ciudad. Cambió no sólo su residencia, sino también su forma de vida.  Intentaba alejar el mal recuerdo de esa noche que no la dejaba en paz ni siquiera en sueños. No concebía el trato con ningún hombre, y se refugiaba en leer historias e investigar sobre seres de otro mundo. Actividad esta, que realmente no entendía.

Por su parte, él volvió al hechicero. Reclamaba respuestas. ¿Por qué la poción no funcionó? ¿Por qué su lado humano resaltó en aquel instante? 

              –       ¡No lo sé! – exclamaba el hechicero aturdido- Esto jamás había sucedido, no       lo entiendo- decía mientras revisaba sus libros en busca de alguna respuesta- Es demasiado extraño.

          –       Necesito una respuesta, necesito saber por qué no pude matar a esa chica- él estaba desconcertado. Sabía cuál era la respuesta a esa pregunta, pero no podía entenderlo.

           –       Por aquí debe haber algo…- decía el hechicero pensativo- ¿Cómo es posible que mi hechizo no haya surtido efecto sobre Ángelus?

              –       Ehm…estamos en el siglo XXI, podrías decirme solo Ángel, el latín ya está pasado de moda- sentándose en un viejo sofá.

                –       ¡Lo tengo!- exclamó el hechicero sacando un libro del estante.

Limpió el polvo de la tapa y luego empezó a hojearlo. Ángel lo veía curioso, ¿qué será lo que encontró? Pensaba. Se acercó y lo escuchó murmurar algo sobre estar seguro de encontrar la respuesta. Se detuvo en una de las páginas, y leyó las palabras “Ángelus” de la parte superior, escritas sobre el dibujo de un vampiro idéntico a Ángel.

El texto contenía la biografía de Ángelus. Hijo de una campesina y un poderoso vampiro llamado Kafca. Su madre se había enamorado locamente de aquel joven apuesto y servicial. Sin saber el origen de su verdadera naturaleza, se entregó a él. De esa unión nació uno de los seres más poderosos del inframundo, Ángelus.

Una criatura descendiente del clan más poderoso ligado a la sangre de una humana. Su infancia había sido tranquila, como la de un niño al lado de su madre. Pero, por temor a que su lado humano ejerciera peso sobre su sangre vamperiza, su padre lo había enviado lejos para que así “forjara su carácter”. Esto lo convirtió en el asesino que era y lo sucumbió a una soledad desesperante. Recorrió cientos de países tratando de huir de sí mismo, pero su sed de sangre nunca pudo saciarse. Era un ser inmortal capaz de sufrir y sentir el más profundo de los dolores, pero sin la capacidad de morir. La única manera de detener su dolor era devolverlo a los brazos de su madre, sin embargo, ésta falleció poco después de su partida.

–       Estoy perdido- dijo cuando el hechicero terminó de leer

          –       ¿No lo ves? ¡Aquí está la respuesta!- exclamó este sorprendido.

                    –       Eh… ¿leíste bien? Mi única salvación es mi madre humana, y está muerta- contestó a su vez Ángel, en tono irónico.

                 –       Tienes que aprender a leer entre líneas- decía el hechicero ubicando el libro frente a la luz de las velas

                    –       Acláramelo entonces-

                   –       Tu madre representa un símbolo – explicaba con la cara iluminada, como si aquello fue simple de comprender.

                    –       ¿Qué símbolo? – preguntó el vampiro más confundido aún.

                   –       El amor. El amor que solo una mujer humana puede ofrecer a su hijo – los ojos le brillaban de la emoción.

              –       Amor maternal…sigo perdido- recostándose de nuevo en el sofá una vez más desanimado.

                –       Si…amor maternal – comentaba el hechicero pensativo- pero, ¿qué es   equivalente al amor de una madre?- concluyó preguntando con una sonrisa

                       –       ¿El odio?- tirándola a pegar

                     –       No no- negando con la cabeza al tiempo que golpeaba a Ángelus- piensa, es un amor equivalente no desigual – mirándolo sin creer lo que acababa de escuchar

                     –       ¡Hey!- exclamó mientras pasaba una mano por la cabeza en el lugar del golpe- a ver, entonces… ¿te refieres al amor de una mujer?- razonando la respuesta

                     –       ¡Exacto! Y según esto no es cualquier mujer

–       O sea mi madre, que esta muerta…- volviendo al principio

             –       Cuando vas a aprender a asociar el texto con el contexto- comentó el hechicero perdiendo la paciencia.

Ángel volvió a leer el artículo con su nombre y analizó más detenidamente la situación. Él no había podido matar a aquella chica. Al contrario, tenía el impulso de hacerla suya. Estaba enamorado, porque ¿qué iba a ser aquello que le impidió acabar con ella como con los demás? Debía ser un sentimiento que le recordaba buenos momentos de su infancia, algo que le hacía querer estar con ella y no dañarla…

Sí, a esa clase de amor se refería el hechicero, ahora estaba totalmente seguro de ello. La necesitaba para ser feliz y tenía que encontrarla o su vida seguiría consumiéndose en la angustia. Tenía que cumplir su promesa: Cambiar su vida, no volver a asesinar a nadie más, no atacar a ningún humano otra vez. Tenía que merecerla y para eso era necesario sacar su lado humano a flote. Hacerlo dominar por delante de la sangre maldita que arruinaba su existencia.

Faith, como ya era costumbre, estaba sentada en una de las mesas de la biblioteca de la universidad. Leía libros de mitos y leyendas, cuando sintió su teléfono celular vibrar.

 –       ¿Dónde estás?- una voz femenina saltó desde el auricular

–       En la biblioteca- contestó como si la pregunta estuviera de más

                 –       ¿Otra vez? Faith por Dios, ¡ya olvídalo! ¡Eso sucedió hace mucho tiempo ya!- exclamó la chica en un tono de exasperación.

–       Seis meses- contestó esta en tono seco.

              –       Seis largos y eternos meses. ¿Por qué no dejas eso y te vienes a casa? Vamos a ver una película. ¿Qué dices?

    –       No gracias, prefiero terminar esto antes de que sea más tarde

            –       ¡Oh vamos! Te divertirás, sabes que lo necesitas- insistía su amiga.

         –       Lo pensaré, ¿de acuerdo?- a punto de rendirse

          –       Es si o ¡si!

–       Ya te dije, lo pensare…

                    –       Cinco minutos para cerrar- anunció la bibliotecaria apagando las luces de los pasillos.

–       Yo te hablo luego- empezando a recoger sus cosas

                  –       De acuerdo, te estaré esperando- y colgó el teléfono.

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