De ambiciones, protestas y otras humanidades

En mi país, República Dominicana, como en muchos otros se está dando un fenómeno llamado: austeridad. Los gobiernos han tenido que tomar medidas extremas ante la situación, y empezar a dictar leyes que han hecho a la población lanzarse a la calle a protestar.

Lo viví en España, país donde desde el cambio de gobierno hace casi un año, cada viernes se imponía una nueva ley de recortes. Ahora, de regreso a casa, lo vivo en la Rep. Dom. donde con la Reforma Fiscal la gente se ha levantado de sus sillas y salido a la calle. Hasta el momento me he mantenido neutral. No por que esté a favor de la situación, sino porque no me atrevo a hablar de lo que no sé.

Lo poco que sé acerca de esta nueva ley me lo han contado las redes sociales. Gente que ante cualquier tipo de chispa arman un incendio. Todo lo que he visto ha sido: NO A LA REFORMA FISCAL, y muchos han dado sus razones que considero pueden ser validas. También, se habla de corrupción (un mal eterno de este sistema), y de hacer pagar a los culpables y no al pueblo.

Si me indigna o no, no lo sé. Pero puedo decir que me da temor. Sí, temor. Porque en la desesperación las personas cometen muchas locuras, porque no existe un equipo organizado que planifique una estrategia congruente para realmente luchar por lo que no se está de acuerdo. Y entonces todos llaman a protestar, a pararse par de horas frente a un monumento u oficina pública, a gritar que NO, a encender velas, a movilizarse de un lugar a otro para obtener un número… y al final ¿para qué? Que de repente vengan las autoridades, armen barricadas, a un loco se le ocurra tirar una bomba de gas, y ahí se arman los líos, y terminas los heridos y muertos.

Hasta que no exista un comité organizador, que se siente y ponga sobre la mesa un plan estratégico, las cosas seguirán tal cual. Quizás hayan más muertos, muchos se queden afónicos… etc. Pero al final, nadie se va a quedar en su casa el próximo lunes a esperar a ver si el gobierno reacciona por una protesta. Todos se van a levantar y seguirán trabajando porque necesitan el dinero para hacer la compra, pagar el colegio, tener gasolina, comprar la medicina del viejo…

El ser humano es ambicioso de por sí, siempre va a querer más. Todos siempre queremos más, y cuando lo que tenemos no satisface ni siquiera nuestras necesidades básicas, es normal entrar en crisis. ¿Culpa del sistema, culpa del gobierno… culpa de la humanidad? Quien sabe. Pero los grandes cambios sólo resultan con las pequeñas acciones. Limitar el consumo, amarrarse los pantalones y empezar por uno mismo desde la casa.

No es justo, claro, cuando sabes que un ministro, diputado o funcionario público gana el tripe que tu, con una menor preparación, y encima te lo echan en cara. Pero salir a gritarlo sólo ha servido para desahogarse. 

Todo el que quiera y pueda, que proteste. Pero que cuando proteste también busque la manera de cómo su voz y sus deseos en conjunto con los demás sea realmente valorada. Llevar una propuesta escrita, consensuada y empezar paso por paso. ¿Que esas cosas las debería hacer el gobierno por el que votaste? Eso es cierto, pero me pregúntate: ¿qué harías tu en la posición de ellos? Recuerda, no es lo mismo llamar al diablo, que verlo venir.

Y el problema, no sólo es aquí. Está en todas partes. Porque este es el momento en que las estructuras necesitan ser modificadas,

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