Astronautas salen a llevar la bandera del Athletic a la luna

El Carnaval de Bilbao celebra su tradicional desfile por la Gran Vía con buen tiempo

Dahiana J. Vásquez/Bilbao

Desde la antigüedad en el mundo occidental se celebran loscarnavales, fiestas populares paganas que dan paso a la Cuaresma. En Bilbao esto se simboliza con el entierro de la Sardina. Pero antes de llegar a la época de reflexión los bilbaínos disfrutan a lo grande entre disfraces, actividades, desfiles, bailes y bebidas.

Inició el carnaval y con él cuatro días de fiesta. Cada año Farolín y Zarambolas inauguran la celebración en un acto al cual asisten cientos de personas. Este año tocó bajo lluvias y a siete grados en la plaza Nueva.

A pesar de la reciente ola de frío, el sábado de carnaval estuvo soleado a temperaturas que oscilaban entre los 8 y 11 grados. El buen tiempo permitió que duendes, pollos, pitufos, princesas y dragones salieran a las calles a disfrutar del ambiente de algarabía en la ciudad. Astronautas con el objetivo de llevar la bandera del Athletic a la luna, esquimales que llegaron en su trineo a la Gran Vía y un niño colgado por no hacer su tarea, fueron parte de la atracción de este año.

El desfile de ‘autos locos’ que salieron desde el Sagrado Corazón hasta la Alameda Mazarredo, dejó a su marcha una nube de humo que, en ocasiones impedía observar bien los coches. Esto no frenó la fiesta que, siguió con todo el animo. “Este año tenemos cuatro carrozas, tres grupos de animación y participan alrededor de 100 personas disfrazadas”, afirma Joseba Rosales, coordinador del área de fiestas, que iba disfrazado de una monja con una peluca afro.

Una banda de músicos de los setenta que iban sobre zancos dando dieron paso a las

carrozas. En primera posición, un ‘auto cohete’ pilotado por Doña Sardina, seguido de un tren fúnebre. Un atolondrado camión de bomberos que despedía confeti de la manguera ‘bañando’ a los asistentes, y un ‘barco globo’ que, en cualquier momento, podría salir volando mantuvieron a niños y adultos alegres durante su paso.

Las personas se dejaron guiar por el ambiente de alegría, cumpliendo el objetivo que según Rosales tenían previsto para este año: “Queremos que la gente se anime y disfrute”. Un equipo de 40 personas estuvo a cargo de la seguridad durante la hora y treinta minutos del desfile. Pero la fiesta no terminó aquí. La organización dispuso de tres escenarios por la Gran Vía bilbaína para el baile y actos en vivo.

En familia

“Somos ‘El gallinero de Gurutxeta’, todos de la cuadrilla”, dice Pili, con su disfraz de pollo amarillo rodeada de otros que como ella, salieron a disfrutar. Una veintena de personas entre adultos y niños conformaban la ola amarilla de pollos que caminaba por la Gran Vía. Todos los años se presentan, y en el 2011 optaron por ir de duendes.

Muchas familias también salieron disfrazadas como la de Ainara, Iñaki y Markel, quienes vestidos de perros dálmata regresaron este año a disfrutar del ambiente: “Elegimos el disfraz una semana antes, este año repetimos”, comenta Ainara. Otros perdieron la “vergüenza” gracias al incentivo de los niños. Es el caso de Javier, quien junto a su esposa Raquel y a su hijo de cuatro años, Andoni, decidió participar por primera vez vestido de pitufo. “El disfraz lo decidió el niño. Nunca antes habíamos venido, y este año nos animamos porque él lo quiso”.

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